Mar Revista

Menorca en barco, una forma única de vivir la isla

Descubrir Menorca desde el mar es verla con otros ojos. Navegar bordeando su costa es mucho más que un viaje: es sumergirse en un territorio que conserva su esencia intacta. A lo largo de esta travesía, cada tramo revela una Menorca distinta: acantilada y salvaje en el norte, suave y luminosa en el sur, histórica en sus puertos y mística en sus calas ocultas. Una experiencia que une libertad, belleza natural y el ritmo pausado del Mediterráneo más auténtico.

Por Nuria Araguás y A.B.S
Fotos cedidas por Fundació Foment del Turisme de Menorca
©Evasión  

La proa redondeada avanza con firmeza, mientras la popa ancha regala estabilidad incluso cuando con oleaje moderado. A motor, mantiene un ritmo tranquilo, casi meditativo, pensado para contemplar el paisaje en lugar de dejarlo atrás. El ronroneo grave del motor acompaña la travesía y su estela blanca se desvanece lentamente.

El espacio a bordo invita a detenerse, a mirar, a dejarse envolver por el vaivén marino. Desde la cubierta se siente la cercanía del agua, y el balanceo constante transmite la sensación de estar en sintonía con la naturaleza. Navegar en un menorquín no es simplemente desplazarse: es vivir al compás del Mediterráneo, descubrir calas escondidas, fondear sobre aguas turquesas y entender que cada milla recorrida es parte de la experiencia.

Un barco con carácter propio, auténtico y marinero, que encarna la esencia tranquila de Menorca y que siempre nos devuelve a lo esencial: disfrutar más del camino que de la velocidad.

Comenzar la vuelta a Menorca en barco desde el puerto de Mahón es, sencillamente, comenzar por lo grande. Considerado uno de los puertos naturales más grandes del mundo, con más de 6 kilómetros de longitud, ofrece no solo protección y comodidad para la navegación, sino también un entorno cargado de historia y belleza.

A medida que uno se adentra en la ría, la ciudad de Maó se alza sobre los acantilados, con fachadas coloniales, mercados tradicionales y terrazas animadas. Desde el mar, la perspectiva del puerto impresiona: se navega entre islotes históricos como la Illa del Rei —con su antiguo hospital naval— o el Llatzaret, antigua estación de cuarentena del siglo XVIII.

Antes de zarpar, es recomendable dedicar unas horas a recorrer Mahón a pie: perderse por el Mercado del Claustro del Carmen, visitar el Museo de Menorca, o simplemente disfrutar de un café frente al mar. El ambiente es tranquilo, marinero, elegante, con una mezcla de tradición local y espíritu cosmopolita.

El puerto cuenta con varias marinas modernas, bien equipadas con servicios náuticos, combustible, avituallamiento y zonas de embarque cómodas. Aquí se puede alquilar desde una embarcación pequeña hasta un catamarán con patrón, según el estilo de viaje que se desee.

Además, Mahón es un excelente punto para revisar las condiciones meteorológicas, hacer una última compra en tierra firme y planificar las primeras jornadas de navegación. Desde aquí, lo más habitual es poner rumbo al norte, hacia Es Grau y el Parque Natural de S’Albufera des Grau, aunque el sentido del recorrido puede adaptarse a los vientos dominantes, especialmente la tramontana.

Tras dejar atrás la monumentalidad del puerto de Mahón, el paisaje empieza a transformarse. La costa se vuelve más baja, ondulada y agreste, y el mar se mezcla con los tonos verdes de los pinares y los humedales. Apenas a unas millas náuticas del punto de partida se encuentra Es Grau, una pequeña aldea costera que marca la entrada al corazón verde de Menorca: el Parque Natural de S’Albufera des Grau.

Maó @Fundació Foment del Turisme de Menorca

Este enclave es el epicentro de la Reserva de la Biosfera que cubre buena parte del norte de la isla. Desde el mar, Es Grau sorprende por su sencillez: casas blancas, una playa amplia de aguas poco profundas, embarcaderos humildes y una atmósfera familiar y serena.

El Parque Natural de S’Albufera des Grau es el lugar ideal para fondear con tranquilidad. La isla d’en Colom justo enfrente, es perfecta para un baño relajado o para practicar pádel surf o kayak o lanzarse a explorar en el dingui. Rodearla por mar permite descubrir pequeñas calas y rincones inaccesibles a pie, donde el tiempo parece detenerse y pasar unas horas en la más absoluta desconexión.

Muy cerca se encuentra el sistema lagunar de S’Albufera, un humedal de gran valor ecológico que no se ve desde el mar, pero que puede visitarse si se hace una pequeña excursión en tierra firme. Es hogar de aves migratorias, tortugas, y una flora muy particular de ecosistemas salobres.

Este tramo de costa marca el inicio de una Menorca más salvaje donde la naturaleza marca el ritmo y cada recodo de la costa guarda una sorpresa.

Continuando hacia el noreste el litoral menorquín comienza a mostrar una cara mucho más salvaje, casi primigenia. El verde da paso a tonos más áridos y rocosos, y pronto aparece en el horizonte una silueta inconfundible: el Faro de Favaritx, erguido sobre un cabo negro y escarpado, como un guardián del norte.

Faro de Favaritx @Fundació Foment del Turisme de Menorca

El paisaje aquí es duro, mineral, casi lunar. Las rocas de pizarra oscura contrastan con el blanco del faro y el azul del mar, creando una atmósfera dramática que fascina a cualquier navegante. Este tramo de costa está expuesto al viento del norte, la temida Tramontana, por lo que conviene consultar bien el parte meteorológico antes de aproximarse.

Poco antes de llegar al cabo, se abren dos de las calas más especiales del parque natural: Cala Presili y Cala Tortuga. Ambas son accesibles por tierra tras una caminata desde el faro, pero llegar por mar tiene un sabor completamente distinto: la sensación de estar llegando a un lugar remoto, virgen, intacto.

Cala Presili @Fundació Foment del Turisme de Menorca

Estas calas ofrecen un fondeo relativamente seguro con buen tiempo, en fondos arenosos y aguas de un turquesa intenso. Son ideales para nadar, hacer snorkel, o simplemente quedarse a bordo contemplando el silencio. No hay servicios, ni chiringuitos, ni rastro de civilización, solo mar y naturaleza en estado puro.

El entorno está protegido, por lo que es importante respetar las normas de fondeo y no dejar ningún tipo de residuo. Es un tramo que invita al silencio y la contemplación, al ritmo lento y consciente.

Bahía de Fornells @Fundació Foment del Turisme de Menorca

Pasado Favaritx, nos encontramos un pequeño puerto refugio: el Puerto de Addaia, es un rincón tranquilo y pintoresco, ideal para quienes buscan un lugar alejado del bullicio turístico. Rodeado de colinas y vegetación mediterránea, su ambiente sereno lo convierte en un lugar perfecto para el avituallamiento. En el restaurante Corner, la cocina mediterránea se fusiona con productos locales frescos. Su terraza ofrece vistas encantadoras del puerto, perfectas para relajarse con una copa de vino o saborear platos como el pescado fresco del día.

Fornells

La Bahía de Fornells, una de las zonas más protegidas y navegables de la costa norte. Esta entrada natural al mar forma una especie de laguna interior, ideal para fondear con seguridad y relajarse tras varios días de costa abierta.

Una vez en tierra, el encantador pueblo, invita a perderse por sus calles encaladas, degustar la famosa caldereta de langosta en uno de sus restaurantes tradicionales o simplemente disfrutar de un paseo relajado por su paseo marítimo. La bahía, ideal para deportes náuticos convierte a Fornells en un destino perfecto para combinar navegación, cultura y gastronomía.

Torre de Fornells @Fundació Foment del Turisme de Menorca

Fornells marca el final del gran arco norte de la isla. Desde aquí, la ruta comienza a girar hacia el oeste, camino de nuevas calas y del casco histórico de Ciutadella, próximo gran hito de la travesía.

A pocos minutos del puerto de Fornells se encuentra Isabella Beach Club, un rincón elegante y relajado en Platges de Fornells ideal para terminar el día junto al mar. Este beach club combina cocina mediterránea y japonesa —con especialidades como sushi y carnes a la brasa— en un entorno privilegiado con vistas espectaculares al atardecer. Su terraza, ambientada con música en vivo o DJ, es perfecta para una cena romántica o una copa al anochecer. Isabella destaca por su propuesta gastronómica de calidad, su atmósfera chill-out y su ubicación frente al mar.

Cavalleria @Fundació Foment del Turisme de Menorca

Al salir de la tranquila bahía de Fornells, la costa vuelve a mostrarse salvaje y poco domesticada. Aquí no hay puertos ni núcleos urbanos, solo tramos de acantilados, barrancos profundos y calas recónditas que solo unos pocos barcos alcanzan. Es un tramo exigente para la navegación —expuesto al viento del norte— pero increíblemente gratificante para quien busca intimidad y naturaleza en estado puro. Pero antes de llegar allí, esta parada entre acantilados negros y calas turquesa es uno de los momentos más visuales y espirituales de la travesía.

Cap de Cavalleria: acantilados, faros y sabor a mar

Desde el mar, el Faro de Cavalleria se alza sobre un promontorio de más de 90 metros de altura, vigilando desde 1857 las aguas del norte. Es un faro solitario, imponente, que parece resistir al paso del tiempo y al embate constante del viento de tramontana. Rodearlo en barco ofrece una vista privilegiada de los acantilados que lo sostienen, esculpidos por siglos de erosión.

La primera parada obligada es Cavalleria, una de las playas más emblemáticas del norte. Amplia, salvaje y abierta al mar, su arena dorada y rojiza crea un contraste espectacular con el azul profundo del agua. Desde el mar, se pueden observar los senderos que llevan hasta el Faro de Cavalleria, colgado sobre un acantilado que parece caer al vacío. Es un lugar ideal para fondear con buen tiempo y darse un baño en plena naturaleza.

Benimel-la @Fundació Foment del Turisme de Menorca

Un poco más al oeste, aparece Binimel·là, con su entorno rocoso, su playa áspera y la pequeña laguna que desemboca en el mar. Aquí empieza el tramo más mágico de este litoral: el acceso a la Cala Pregonda, posiblemente una de las playas más fotografiadas de Menorca, y con razón.

Cala Pregonda se esconde tras un conjunto de islotes rojizos que la protegen del oleaje, creando un pequeño paraíso natural donde todo parece tener un filtro cálido. La arena rojiza, el agua cristalina, y el silencio casi absoluto hacen de este fondeo un auténtico privilegio. No hay construcciones, ni caminos visibles solo naturaleza, calma y belleza.

Pregonda @Fundació Foment del Turisme de Menorca

Los islotes frente a la cala (como Escull de Pregonda) permiten explorar en kayak o snorkel los fondos marinos llenos de vida. En días sin viento, el fondeo aquí es una de las experiencias más memorables de toda la vuelta a la isla.

Este tramo no tiene servicios, por lo que es importante llegar preparado y respetar escrupulosamente el entorno, tanto al fondear como al disfrutar de la costa.

Cala Pilar

Una de las primeras joyas en esta ruta es Cala Pilar, una cala aislada rodeada de un entorno completamente virgen. Desde el mar, impresiona el contraste entre la arena rojiza, los pinares del fondo y los acantilados oscuros que la protegen. Es accesible por tierra solo tras una larga caminata, lo que la convierte en un lugar poco concurrido, incluso en pleno verano.

Cala Pilar @Fundació Foment del Turisme de Menorca

El fondeo no es siempre fácil por la falta de abrigo, pero en días de calma, es un rincón mágico para sentir la fuerza telúrica del norte menorquín. Aquí no hay señal de civilización, y eso lo convierte en uno de los fondeos más especiales del recorrido.

Algaiarens

Más adelante se encuentra Algaiarens, también conocida como La Vall, una de las playas más queridas por los locales. En realidad, son dos calas contiguas: Tancats y Es Bot, separadas por una lengua rocosa. Desde el mar, su aspecto es completamente virgen, y ambas ofrecen un fondeo más protegido que otras playas del norte.

La arena es fina, el agua turquesa, y el entorno boscoso está declarado Área Natural de Especial Interés. Es un lugar ideal para descansar unas horas antes de retomar rumbo hacia Punta Nati.Antes del estratégico faro de Punta Nati, punto de inflexión rumbo a Ciudadella, se halla Cala Morell. Es un punto vital para barcos sorprendidos por un temporal, ya que es una de las pocas entradas en una franja del litoral de altos acantilados, azotada por el viento norte. La importancia de Cala Morell también se debe a que cuenta con un conjunto de cuevas prehistóricas cerca de la cala.

Cala en Porter @Fundació Foment del Turisme de Menorca

Punta Nati, es un cabo situado al noroeste y punto destacado. Sus abruptos acantilados, el histórico faro y las vistas hacia Mallorca ofrecen un paisaje sin igual. Es un lugar ideal para contemplar la fuerza del mar y espectaculares puestas de sol. Desde este punto emprendemos la navegación por la costa oeste de la isla.

Pont D’en Gil

Pont d’en Gil es un arco natural formado en la roca caliza tras siglos de erosión marina y viento. Su estructura es lo suficientemente amplia como para permitir el paso de embarcaciones pequeñas y medianas, ofreciendo una experiencia inolvidable al navegar a través de él. Muy cerca se encuentra la famosa cueva submarina Sa Cigonya, de unos 300 metros de profundidad. Aunque su entrada es visible desde la superficie, solo los buceadores pueden explorar su interior, considerado uno de los secretos mejor guardados del fondo marino menorquín.

@Fundació Foment del Turisme de Menorca

Desde este punto, rodeado de imponentes acantilados, se disfrutan vistas impresionantes, especialmente al atardecer, cuando el sol desciende sobre el horizonte y tiñe el mar de tonos cálidos, dorados y anaranjados. Es un escenario natural perfecto para contemplar la belleza de la costa menorquina.

  LOS CAYOS DE FLORIDA, CAYO HUESO

Ciutadella: historia, piedra y alma portuaria

Por fin llegamos a Ciutadella, antigua capital de Menorca y probablemente el lugar con más encanto urbano de toda la isla. A medida que se aproxima la entrada del puerto, el perfil de la ciudad emerge con sus murallas, campanarios y palacetes.

El puerto de Ciutadella es estrecho y profundo, como un fiordo de piedra calcárea. Navegarlo es casi entrar en un túnel de historia. Aquí conviven barcos pesqueros, embarcaciones de recreo y una vibrante vida nocturna y cultural.

Pasear por sus calles adoquinadas, visitar la catedral gótica, tomar algo en la Plaça des Born o cenar en alguna de las terrazas junto al puerto es una experiencia que equilibra la ruta marina con un toque urbano muy mediterráneo. Es también un buen punto para reponer provisiones o incluso pasar la noche en puerto si se desea.

Situado en el histórico Palau Salort, el restaurante Moriarty ofrece una experiencia gastronómica única en un entorno elegante y tranquilo. Su cocina mediterránea con toques creativos incluye tapas para compartir y platos elaborados, todo acompañado de cócteles de autor. Una parada ideal para cenar o tomar algo en pleno corazón de Ciutadella. Se recomienda reservar, especialmente para disfrutar de su encantador patio interior. Entre sus especialidades destacan el calamar relleno y el canelón.

Trebaluger @Fundació Foment del Turisme de Menorca

Otro recomendable es S’Amarador es un restaurante sofisticado con una ubicación privilegiada frente al puerto. Ideal para quienes buscan mariscos frescos de calidad, arroces tradicionales y una experiencia gastronómica con vistas inolvidables. Ambiente refinado y excelente servicio.

Con Ciutadella, la travesía alcanza su punto medio. El faro de Artruxt, en el que al pasar vislumbramos su restaurante menorquín con vistas panorámicas, nos marca le giro a la costa sur, donde aguardan las calas más famosas y paradisíacas de toda Menorca.

Inmediato al faro encontramos El puerto de Cala en Bosc, un puerto deportivo dentro de la urbanización turística del mismo nombre. Su diseño circular, tipo laguna artificial, lo hace único en la isla. Se accede por un estrecho canal para embarcaciones no superiores a 12 metros y sin mástil ya que la entrada se halla atravesada por un puente de piedra.

Alberga una amplia oferta de restaurantes, bares, heladerías y tiendas. También es un punto de salida habitual para excursiones en barco a las calas vírgenes adyacentes.

Al doblar el extremo suroeste de Menorca tras dejar Ciutadella atrás, la costa cambia radicalmente. Se deja atrás la piedra áspera del norte y se entra en un mundo de acantilados blancos, pinares frondosos y aguas de un azul increíble. Aquí están las calas más icónicas, las que suelen ilustrar postales, reportajes y sueños de verano.

Es Caló Blanc @Fundació Foment del Turisme de Menorca

Cala Turqueta: azul intenso y paz entre pinos

La primera joya es Cala Turqueta, fiel a su nombre. El color del agua sorprende incluso desde el barco: turquesa eléctrico, transparente hasta el fondo. Rodeada de un denso pinar, con arena blanca y fina, Turqueta es uno de los fondeos más codiciados. Por eso, en temporada alta, conviene llegar muy temprano o a última hora del día para encontrar espacio y disfrutar con tranquilidad.

Macarella y Macarelleta: doble espectáculo

Un poco más adelante, el paisaje se supera: llegamos a Macarella y su hermana pequeña, Macarelleta. La primera es más amplia y accesible, mientras que la segunda, más recóndita y elevada, es uno de los lugares más mágicos de toda la isla.

Macarella–Macarelleta @Fundació Foment del Turisme de Menorca

El fondeo frente a Macarella es posible si el mar está tranquilo, y permite acceder nadando o con el dingui a Macarelleta, que no tiene acceso directo por mar. En ambas, el entorno es salvaje: pinares, acantilados, cuevas… y una luz que lo transforma todo.

Cala Mitjana y Mitjaneta: equilibrio natural

La siguiente parada es Cala Mitjana, una playa amplia y bien resguardada, ideal para pasar unas horas. Sus aguas tranquilas y su fondo de arena la hacen perfecta para nadar, relajarse y disfrutar del entorno.

Mitjaneta @Fundació Foment del Turisme de Menorca

A su lado se esconde Cala Mitjaneta, una diminuta cala entre rocas que, si bien es estrecha para fondear, invita a explorarla con tabla o nadando. Ambas forman parte de una zona muy querida por los menorquines y menos saturada que las calas anteriores.

Trebalúger, Cala Fustam y Escorxada: las secretas del sur

Más al este, y aún dentro de la zona virgen de Migjorn, se encuentran tres calas menos conocidas pero igual de bellas: Trebalúger, Fustam y Escorxada. Todas son de difícil acceso a pie, lo que las convierte en un regalo para los navegantes.

Trebalúger es la más grande y accesible para fondear, con una playa profunda y bosque denso detrás. Alberga un pequeño río que desemboca en el mar y que se puede remontar con kayak o pádel surf si tiene suficiente caudal.

Fustam y Escorxada son pequeñas, íntimas, y perfectas para una parada breve en soledad. Aquí el silencio domina. Es la Menorca escondida, donde uno se siente realmente lejos de todo.

Benigaus @Fundació Foment del Turisme de Menorca

Este tramo del sur menorquín es, sin duda, uno de los puntos culminantes de la vuelta a la isla en barco. Cada cala es una sorpresa, un espectáculo de luz y color que invita a detenerse, desconectar y simplemente contemplar.

Desde aquí, la ruta sigue hacia el sureste, con playas más largas y abiertas como Binigaus, Santo Tomás y Son Bou, antes de encarar el regreso hacia Mahón.

Tras dejar atrás la zona virgen de Migjorn y calas como Trebalúger o Escorxada, la costa menorquina se suaviza. Los acantilados dan paso a largas extensiones de arena, dunas y vegetación baja. Es un tramo ideal para navegar con calma, fondear sin agobios y disfrutar del gran azul que se abre al sur.

Binigaus: naturaleza abierta y serenidad

Binigaus es una de las últimas playas vírgenes de gran tamaño en el sur. Aunque está cerca del núcleo turístico de Santo Tomás, mantiene un carácter tranquilo y natural. Es amplia, con aguas limpias y poco profundas, y ofrece un excelente fondeo sobre fondo de arena.

Macarella @Fundació Foment del Turisme de Menorca

Desde el barco se pueden ver las suaves colinas que la rodean y los senderos que suben hacia cuevas prehistóricas como la Cova des Coloms, conocida como “la catedral” por su altura. Si el mar está en calma, es un lugar perfecto para pernoctar bajo las estrellas.

Santo Tomás: equilibrio entre comodidad y calma

Apenas unos minutos más al este está Santo Tomás, una urbanización tranquila y familiar con una gran playa de arena blanca. Desde el mar, su perfil es discreto, sin grandes edificaciones, y el acceso es fácil tanto para fondear como para bajar a tierra con el dingui.

Son Bou @Fundació Foment del Turisme de Menorca

Aquí se puede aprovechar para tomar algo en un chiringuito, estirar las piernas o simplemente aprovisionarse si se necesita. Es uno de esos lugares que, sin ser espectaculares, ofrecen una pausa agradable en medio de la ruta.

Situado en primera línea de la playa de Santo Tomás, Es Bruc es un clásico chiringuito de Menorca con ambiente familiar. Su cocina mediterránea ofrece pescados frescos a la brasa, tapas marineras y carnes locales, ideales para disfrutar tras un día de playa. Es perfecto para comer con los pies casi en la arena o cenar con el atardecer de fondo. No aceptan reservas a mediodía, así que conviene llegar pronto en temporada alta. Una parada imprescindible para saborear Menorca con los cinco sentidos.

Son Bou: la playa más larga de Menorca

A continuación, se despliega Son Bou, la playa más extensa de la isla, con casi tres kilómetros de arena. Desde el mar, la vista es impresionante: una gran franja dorada bordeada por dunas, humedales y un sistema de marismas que acoge a numerosas aves.

Pese a ser una zona más urbanizada, Son Bou mantiene un ambiente relajado y ofrece un fondeo cómodo y espacioso. Las aguas son especialmente claras aquí, y el fondo arenoso facilita el anclaje seguro.

Para quienes buscan comodidad, es un buen lugar para una noche en calma, cenar en tierra o simplemente disfrutar de un baño largo con todo el horizonte abierto.

Benibequer @Fundació Foment del Turisme de Menorca

Este tramo marca la transición hacia el sureste, donde la costa vuelve a recortarse, y donde la historia y la geología se unen en enclaves como Cala en Porter, Cales Coves o Binibeca. Un tramo final que nos prepara para cerrar el círculo y regresar a Mahón con la sensación de haber vivido algo único.

En la costa sureste de Menorca, el paisaje combina acantilados, calas históricas y pueblos de postal. Es un final variado y lleno de carácter, ideal para despedirse del mar menorquín con una última dosis de belleza.

Al dejar atrás las largas playas del sur, la costa se vuelve de nuevo más recortada y dramática. Aparecen los barrancos, las cuevas prehistóricas y los pueblos blancos suspendidos sobre el acantilado. Este tramo no solo ofrece fondeos atractivos, sino también una conexión directa con la historia antigua y la cultura viva de la isla.

Cala en Porter: acantilados, cuevas y animación

Cala en Porter es una de las calas más profundas del sureste, rodeada de altos acantilados calcáreos que ofrecen un fondeo protegido en días de mar calmado. Su playa es amplia, y desde el barco se aprecia el pueblo que la corona, con sus casas blancas escalonadas sobre la roca.

Cala en Porter @Fundació Foment del Turisme de Menorca

Uno de los grandes atractivos es la Cova d’en Xoroi, una cueva natural convertida en bar y mirador, colgada literalmente sobre el acantilado. Al atardecer, el juego de luces sobre el mar y la música suave hacen de este lugar una experiencia inolvidable.

Cales Coves: arqueología y misterio

Muy cerca se encuentra Cales Coves, una doble cala entre acantilados verticales que parece sacada de otro tiempo. Aquí se esconden más de 90 cuevas excavadas en la roca por los antiguos talayóticos, usadas como necrópolis desde hace más de 3.000 años.

Fondear en Cales Coves es como entrar en un santuario natural y arqueológico. El lugar es silencioso, solemne, y la atmósfera cambia: se siente el peso del tiempo y la calma absoluta del entorno. Eso sí, conviene llegar temprano, ya que el espacio es reducido y está muy protegido. Es una de nuestras preferidas. Pasar la noche en esta la cala es un habitual en nuestra ruta por la isla.

Binibeca: postal viva del Mediterráneo

Siguiendo hacia el este, la costa vuelve a abrirse en calas pequeñas y encantadoras hasta llegar a Binibeca Vell, uno de los pueblos más fotogénicos. Desde el mar, sus casas encaladas, con puertas y ventanas de madera pintadas de azul o verde, parecen flotar sobre el acantilado.

Fondear aquí permite bajar a tierra y pasear por su laberinto de calles estrechas, siempre en silencio, respetando la vida de los vecinos. Muy cerca hay calas como Binibeca, Biniancolla o Binisafúller, donde se puede disfrutar de un último baño antes de regresar al punto de partida.

Este tramo también es ideal para una cena final a bordo, con el reflejo de las casas blancas al atardecer y el mar tranquilo como telón de fondo.

Puerto-de-Maó @Fundació Foment del Turisme de Menorca

Regreso a Mahón

Desde Binibeca, la costa recorre sus últimos kilómetros hacia el este. En este tramo, si el tiempo lo permite, se puede hacer una última parada en Punta Prima o la Isla del Aire, donde se alza un fotogénico faro y habitan especies protegidas como la lagartija negra endémica.

Finalmente, entrar de nuevo al puerto de Mahón es como regresar de un sueño. La ría se abre paso entre islotes históricos y el mar interior acoge al navegante con calma, como si diera las gracias por el respeto mostrado.

Llevamos años navegando por esta isla tan auténtica, y aún así, cada travesía nos regala algo nuevo. Una cala escondida que no habíamos visto, una luz distinta sobre los acantilados, un atardecer que parece el primero. Menorca, vista desde el mar, nunca se repite. Cambia con el viento, con la hora del día, con las estaciones…y es esa mezcla de familiaridad y descubrimiento lo que hace que nunca pierda la magia. Porque cada vuelta a la isla no es solo una ruta, es una experiencia que se renueva, como si Menorca siempre nos guardara un secreto más por mostrar.

Muy pronto, emprenderemos una nueva aventura para explorar Menorca desde su interior, donde creernos, también se esconden auténticos tesoros que no os podéis perder.

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