Fecha: 27 de mayo de 2025 – Actualizado: 3 de junio de 2025
Cuba no es solo un destino del Caribe; es una experiencia que se vive con el alma. En especial, La Habana ofrece al viajero una inmersión sensorial y emocional única. Pasear por sus calles, conversar con su gente, saborear su gastronomía o escuchar su música callejera es entrar en contacto directo con la esencia de un país vibrante, resiliente y profundamente humano. En este artículo te llevamos por los rincones más auténticos de La Habana, con consejos útiles y experiencias personales que harán de tu viaje algo inolvidable.
Viajar a Cuba no es simplemente conocer una isla del Caribe; es adentrarse en un universo donde la historia, la riqueza cultural y la hospitalidad de su gente se encuentran en cada rincón. Es un destino que, desde el primer instante, brinda una vivencia genuina e imborrable. Más que un destino, una experiencia.
Pasear por las calles adoquinadas de La Habana Vieja es una experiencia que trasciende el simple acto de caminar. Es una inmersión en un pasado detenido en el tiempo, donde los autos clásicos de los años 50, las fachadas coloniales con colores desvaídos por el sol y el sonido vibrante del son cubano crean una atmósfera única, casi cinematográfica. En Cuba, la historia no se observa a distancia: se siente, se escucha, se baila. Esta isla invita a vivirla con los cinco sentidos.

Más allá de su arquitectura y su patrimonio, lo que realmente define a Cuba es su gente. Los cubanos son hospitalarios, resilientes y profundamente alegres. Interactuar con ellos es parte esencial del viaje: compartir una conversación en el portal, aceptar un café preparado con esmero o dejarse llevar por un baile espontáneo en una plaza puede convertirse en el recuerdo más significativo del itinerario. En cada gesto hay una generosidad sincera que convierte al visitante en parte de la escena cotidiana.
La riqueza natural del país es igual de impactante. Desde las aguas cristalinas y serenas de Varadero y los cayos, hasta la vegetación exuberante del Valle de Viñales, salpicado de sus característicos mogotes, Cuba ofrece un verdadero festín para los sentidos. Es posible explorar arrecifes coralinos, cabalgar entre campos de tabaco o simplemente relajarse bajo la suave brisa marina.

El arte también es protagonista en Cuba. No hace falta entrar en museos o teatros para disfrutar de su vibrante escena cultural. La música, la danza y las expresiones visuales se manifiestan en las calles, en los muros pintados con mensajes sociales, en las terrazas donde suenan guitarras y tambores, en los niños que bailan con destreza innata.
En cuanto a la gastronomía, Cuba ofrece una fusión de sabores heredados de influencias españolas, africanas y caribeñas. Probar un plato de ropa vieja acompañado de arroz blanco y plátanos fritos, mientras se saborea un mojito bien frío, es apenas una introducción a una cocina sencilla pero profundamente sabrosa.
Viajar a Cuba es una invitación a desconectar del ritmo acelerado del mundo y reconectar con lo esencial. Es un destino que se vive sin prisas, donde cada momento tiene un sabor, un sonido y una historia. Un lugar donde lo auténtico sigue siendo lo más valioso.
Aterrizamos en La Habana un 13 de noviembre, con la ilusión intacta y el deseo de descubrir la isla más allá de los estereotipos. Pronto comprendimos que el momento no era el más fácil: cortes de electricidad, escasez de combustible y una rutina diaria marcada por la incertidumbre. Pero Cuba, lejos de esconderse, se reveló en su forma más auténtica. Detrás de cada dificultad, emergía la calidez de su gente, la música que no se detiene, y un paisaje que sigue siendo tan vibrante como resistente.

Nuestra aventura se extendió a lo largo de catorce intensos días, en los que el itinerario nos llevó a descubrir algunos de los rincones con más encanto. Durante cuatro días nos perdimos en La Habana, entre sus calles llenas de historia, contrastes y una energía que vibra al compás de la música que brota espontáneamente en cada esquina. Desde la melancolía romántica del Malecón, donde el mar acaricia los muros corroídos por el tiempo, hasta la vida que transcurre sin prisa en los portales de La Habana Vieja, cada jornada fue un nuevo capítulo del alma, el ritmo y la belleza imperfecta.
Desde La Habana, el viaje continuó hacia Cienfuegos, una ciudad tranquila de elegante arquitectura neoclásica junto al mar. Una escapada a la localidad de Trinidad, nos permitió descubrir su encanto colonial intacto, con calles empedradas y casas de colores. Ambas ciudades ofrecieron una visión distinta, cada una con su propia personalidad, pero unidas por la calidez de su gente y la riqueza cultural del país.
Tras explorar el corazón cultural de Cuba, nos dirigimos al relajante Cayo Santa María, donde disfrutamos de cuatro días de playa y mar turquesa para regresar brevemente a La Habana antes de visitar Viñales, situado al oeste de la isla. Si bien la ruta podría haberse optimizado incluyendo Viñales antes del cayo, aún así fue un detalle menor dentro de un viaje lleno de momentos memorables.

Alquilamos un coche en el aeropuerto para recorrer Cuba con mayor libertad, una decisión acertada que nos permitió viajar a nuestro ritmo. Eso sí, dado que conseguir vehículo en la isla puede ser complicado —especialmente en temporada alta—, es fundamental reservar con antelación.
Este artículo se lo dedicamos íntegramente a La Habana, dejando el resto de los destinos cubanos que visitamos para próximas entregas. Si estás planeando un viaje a Cuba, te animamos a seguir leyendo los próximos números, donde compartiremos más experiencias y consejos para ayudarte a sacar el máximo provecho de cada rincón de esta extraordinaria isla.
LA HABANA
Durante nuestra estancia en La Habana, nos alojamos en el Sevilla Habana Affiliated by Meliá, un hotel con historia y carácter situado en pleno casco antiguo. Inaugurado en 1908, su arquitectura de estilo morisco y detalles árabe-andaluces lo convierten en una joya patrimonial de la ciudad. Con habitaciones de estilo colonial y una azotea que regala vistas inolvidables el hotel también destaca por su historia: fue visitado por figuras como Al Capone y aparece en la novela Nuestro hombre en La Habana, aportando un aire literario y cinematográfico.

Si bien también recomendar el hotel INNSiDE Habana Catedral, en el que estuvimos la última noche en la isla, para tomar el vuelo de regreso a Madrid y que con buenísima ubicación y moderna decoración, ofrece un rooftop para admirar La Habana desde otra parte de la ciudad. La piscina tiene vistas inigualables al Faro y al mar.
Una vez instalados, explorar La Habana a bordo de un coche clásico fue, sin duda, una de las mejores decisiones del viaje. Ya lo habíamos contratado desde Madrid, y nos recogió directamente en la puerta del hotel, evitando cualquier gestión de última hora. Durante dos horas recorrimos la ciudad en un impecable Chevrolet de 1969, cerrado, espacioso y perfectamente climatizado, algo esencial bajo el intenso sol caribeño. Mientras avanzábamos entre calles llenas de historia, nuestro conductor —más que chófer, un auténtico narrador local— nos fue contando anécdotas y curiosidades que no aparecen en las guías. Una experiencia tan cinematográfica como auténtica; difícil imaginar un inicio más icónico.
También se puede negociar estos paseos en coches clásicos directamente con los dueños de los vehículos que permanecen ubicados cerca del Capitolio.

La primera parada fue El Capitolio, uno de los edificios más majestuosos de Cuba. Inaugurado en 1929 y con un diseño neoclásico que recuerda al Capitolio de Washington D.C., este imponente edificio fue sede del Congreso cubano. Justo enfrente se extiende el animado Parque Central, rodeado de arquitectura colonial y edificios como el Gran Teatro de La Habana, sede del Ballet Nacional. A pocos pasos comienza el Paseo del Prado, un elegante boulevard arbolado perfecto para pasear y sumergirse en el ambiente habanero.
La siguiente parada fue en la Plaza de la Revolución, uno de los lugares más emblemáticos de la historia reciente de Cuba. Con sus 72.000 metros cuadrados, ha sido escenario de discursos históricos, especialmente de Fidel Castro. Preside el espacio el monumento a José Martí, de 109 metros de altura, desde cuyo mirador se obtiene una vista panorámica de La Habana. Frente a la plaza, destacan las famosas imágenes del Che Guevara y Camilo Cienfuegos en las fachadas de los ministerios, símbolos ineludibles de la identidad política cubana. Una visita imprescindible para entender el presente del país a través de su historia.

Seguimos nuestro recorrido por el icónico Malecón, el extenso paseo marítimo que abraza la costa habanera y ofrece vistas espectaculares de la bahía y del paisaje urbano, donde conviven lo antiguo y lo moderno.
Visitamos el Castillo del Morro, oficialmente la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, una de las construcciones más emblemáticas de La Habana. Erigida en el siglo XVII en un punto estratégico a la entrada del puerto, su imponente arquitectura militar —con gruesos muros, cañones y bastiones— da testimonio de siglos de defensa contra piratas y enemigos coloniales. Desde sus murallas se obtienen algunas de las mejores panorámicas de la ciudad y el mar Caribe. Además de sus exposiciones históricas, el Morro es famoso por el tradicional “Cañonazo de las 9”, un ritual nocturno que recrea el disparo que antiguamente marcaba el cierre del puerto. Una visita imprescindible para los amantes de la historia y las buenas vistas.
En esta zona, una excelente opción para comer es el restaurante El Cañonazo, un rincón con mucho encanto, donde se sirve auténtica cocina cubana. Más allá de los sabores —como el cerdo asado, la ropa vieja con arroz, frijoles y tostones—, el lugar destaca por su ambiente animado, con música en vivo y espectáculos de baile que invitan a vivir el espíritu local. Nuestro conductor, ya convertido en amigo habanero, nos dejó allí para disfrutar de una deliciosa comida antes de regresar en taxi al hotel que solicitamos desde el mismo restaurante. Para nuestro deleite el taxista continuó contándonos historias de La Habana durante todo el trayecto de vuelta.
En nuestro segundo día, optamos por un tour privado a pie de tres horas con Civitatis, una excelente manera de explorar La Habana Vieja guiados por un experto local. Caminar por sus calles es como recorrer un libro abierto de historia, y hacerlo con alguien que conoce sus secretos y anécdotas, aporta un valor añadido imposible de encontrar en una guía impresa.

Descubriendo los tesoros de La Habana Vieja
La Plaza de la Catedral es uno de los rincones más cautivadores y lugar perfecto para sumergirse en el esplendor colonial de la ciudad. Dominada por la majestuosa Catedral de San Cristóbal, una obra maestra del barroco cubano. Su transformación desde una antigua ciénaga en el siglo XVIII marcó el inicio de su importancia arquitectónica y cultural.

Rodeando la plaza, se alzan edificios históricos que merecen una visita. El Museo de Arte Colonial, ubicado en la elegante Casa Bayona, ofrece una mirada íntima a la vida aristocrática del siglo XVIII. Justo al lado, el Palacio del Marqués de Arcos exhibe la elegancia de la arquitectura residencial de la época.
Muy cerca de allí, no puedes dejar de visitar la famosa Bodeguita del Medio, icono de la vida bohemia habanera y punto de encuentro de celebridades como Ernest Hemingway, célebre por sus mojitos. Un lugar especial para disfrutar de un mojito, música en vivo o un plato de cocina criolla.
La Bodeguita del Medio es mucho más que un bar famoso por sus mojitos; es un emblema con una historia singular. Su nombre nació en 1942, cuando Ángel Martínez adquirió una pequeña tienda de víveres ubicada, curiosamente, no en una esquina como era costumbre, sino entre dos bodegas tradicionales, «en el medio». Con los años, el lugar se transformó en un punto de encuentro de artistas, intelectuales y viajeros de todo el mundo, sin perder su esencia popular. Hoy, visitar este icónico local es casi un rito obligado para quienes quieren empaparse del espíritu de La Habana.
Muy cerca de la Catedral, en el pintoresco Callejón del Chorro, se encuentra Doña Eutimia, un restaurante que combina lo moderno con lo familiar y rinde homenaje a la cocina casera cubana. Su nombre recuerda a una mujer que cocinaba con cariño para artistas del cercano Taller Experimental de Gráfica, quienes aún la evocan con afecto. Hoy, el local mantiene ese espíritu, sirviendo platos sencillos pero llenos de sabor, como el arroz con pollo o el lechón asado, en un ambiente muy acogedor.

Justo en el mismo callejón, se puede visitar también una tienda especializada en tabaco, café y ron nacional, ideal para llevarse un pedacito de Cuba en el equipaje.
Nuestra caminata nos llevó hasta la Plaza de Armas, el espacio público más antiguo de La Habana, fundado en el siglo XVI como lugar de ejercicios militares y ceremonias oficiales. Hoy, rodeada de imponentes edificios coloniales, es un rincón cargado de historia y encanto. Entre sus principales atractivos destacan el Palacio de los Capitanes Generales, antigua sede del gobierno colonial y actual Museo de la Ciudad, y el Castillo de la Real Fuerza, una de las fortalezas más antiguas de América, coronada por la icónica veleta de La Giraldilla.
Con su entorno arbolado, vendedores de libros de segunda mano y bancos de hierro forjado, la plaza conserva un aire nostálgico ideal para descansar y observar el ir y venir de los lugareños. Allí probamos los “chirivicos”, unos dulces tradicionales que los simpáticos vendedores ambulantes nos presentaron como los “churros cubanos”. Un pequeño placer local en medio de tanta historia.
Continuamos caminando hasta La Plaza de San Francisco de Asís, una plaza que fue durante siglos un punto clave del comercio habanero debido a su cercanía al puerto. Aquí llegaban barcos con mercancías, y se realizaban intercambios comerciales que contribuían a la economía colonial. La fuente central, conocida como la Fuente de los Leones, añade un toque muy romántico. Es una de las plazas más elegantes y serenas de la ciudad.

Uno de los edificios más destacados que rodean la plaza es la Lonja del Comercio, una antigua sede financiera que llama la atención por su majestuosa cúpula. Además, en el entorno es habitual encontrar diversas esculturas, como la emblemática figura de bronce de El Caballero de París (1859), que se halla caminando por la acera. Esta obra rinde homenaje a un personaje entrañable y excéntrico de La Habana. Mas o menos como El Quijote habanero.
La Plaza Vieja, es otro de los rincones más encantadores y vivos de la ciudad. Trazada en 1559 con fines residenciales y comerciales fue restaurada en los años 90, recuperando su esplendor original. Hoy, sus coloridos edificios albergan museos, galerías, cafeterías y restaurantes con terrazas al aire libre. La fuente central le aporta un aire elegante, y su ambiente animado la convierte en un lugar ideal para hacer una pausa, almorzar, tomar un café y observar la vida cotidiana de sus habitantes.
Con el corazón lleno de vivencias y la cámara repleta de recuerdos, dimos por terminado el día y nos entregamos al merecido descanso.
El tercer día volvimos a perdernos por las calles ya recorridas, redescubriendo La Habana desde nuevas perspectivas. En el camino nos encontramos con el emblemático Edificio Bacardí, una joya del art decó cubano que, aunque actualmente cerrado, sigue imponiéndose con su elegante silueta.

Hicimos una pausa para tomar un café servido desde la clásica ventana enrejada, tan característica de La Habana. Mientras lo disfrutábamos, observábamos a las mujeres asomadas en los balcones de sus casas: algunas conversaban animadamente, otras simplemente contemplaban el ir y venir de la vida callejera. En las angostas calles, los coloridos carritos de fruta aportaban movimiento al paisaje urbano. Nos llamó la atención la presencia constante de estas rejas en puertas y ventanas, una solución ingeniosa que permite que el aire fluya libremente sin renunciar a la seguridad.

Continuamos hasta el muelle, donde se encuentra el Mercado de Artesanía Local (Almacenes San José), un lugar imprescindible para quienes buscan recuerdos auténticos, y para admirar el arte popular cubano. Allí adquirimos una figura tallada en madera de un “tocororo”, el ave nacional, cuyos colores coinciden con los de la bandera, un pequeño tesoro lleno de significado.
Más tarde, nos sentamos a disfrutar de unas tapas en las terrazas de la Plaza Vieja, acompañados por un animado espectáculo que parecía improvisado de música y danza que llenaba el ambiente de ritmo y alegría.
Por supuesto fuimos a La Floridita, donde probamos el clásico daiquirí y también el famoso “Papa Hemingway”, del que se dice era el preferido del célebre escritor.
Para cerrar el día con broche de oro, hicimos una reserva en Chachachá, un restaurante-bar de moda con un aire más internacional. Allí nos deleitamos con exquisitos platos cubanos fusionados con sabores del mundo, siempre con ese inconfundible toque caribeño.

Te dejamos algunas recomendaciones de restaurantes para disfrutar en La Habana: Iván Justo, famoso por su cocina creativa y su ambiente acogedor; Al Carbón, un sitio especializado en carnes y pescados a la brasa, en un entorno elegante; Antojos, con su decoración vibrante inspirada en los años 50, que ofrece deliciosos platos de la cocina cubana; y Vistamar, el lugar ideal para degustar mariscos frescos, rodeado de una piscina y vistas impresionantes al mar; El Chanchullero, famoso por su ambiente informal, platos sabrosos y precios accesibles, no te vayas sin probar sus mojitos, considerados por muchos entre los mejores de La Habana. La Guarida, ubicado en un majestuoso edificio colonial, combina alta gastronomía con un entorno cargado de historia: fue el escenario de la célebre película Fresa y Chocolate.
Si buscas un buen lugar para tomar una copa frente al Malecón, El Bleko es una opción animada y perfecta. También Espacios (en Miramar) es ideal para tomar algo con música en vivo y ambiente joven.
Otros lugares destacados
El cuarto y ultimo día visitamos el Museo de la Ciudad, donde adentrarte en la historia de Cuba desde la época precolombina hasta la revolución. Asimismo nos acercamos al Museo de la Revolución, que está ubicado en el antiguo Palacio Presidencial y que encontramos cerrado en ese momento, pero es una visita forzosa para quienes desean comprender la historia reciente de Cuba y el impacto de la Revolución.
Una de las principales atracciones del museo es la colección de objetos relacionados con la Revolución de 1959, incluidos los restos del yate Granma, que transportó a Fidel Castro y sus guerrilleros desde México hasta Cuba. Este barco simbólico marca el comienzo del movimiento revolucionario que culminaría en la toma del poder en La Habana.
Si eres amante del arte no te pierdas el Museo Nacional de Bellas Artes, que está dividido en dos secciones: arte cubano y arte universal.

Terminamos el día visitando El Callejón de Hamel, un rincón palpitante de arte y espiritualidad. Se trata de un estrecho pasaje que se ha convertido en un epicentro de arte afrocubano, una explosión de color, música, misticismo y creatividad que late al ritmo de los tambores batá y la energía de la santería.
Si puedes, acércate un domingo por la mañana, cuando los grupos locales se reúnen para tocar, cantar y bailar. Es también habitual encontrar talleres de pintura, poesía en vivo y encuentros espirituales, ya que el lugar está profundamente vinculado a las creencias afrocubanas.
Otros planes en La Habana
Desayuna en el Café de la Ópera. En la esquina del primer piso del Gran Teatro de La Habana «Alicia Alonso» se encuentra el Restaurante-Bar Ópera. Ideal para comenzar el día con un desayuno cubano, en pleno Paseo del Prado. Su arquitectura de época y ambiente elegante lo convierten en un lugar fotogénico y una experiencia singular.
Por la noche, disfruta de una copa en La Fábrica de Arte Cubano (FAC), un espacio único que combina galería, bar, club y centro cultural. Aquí encontrarás arte moderno, cine, conciertos y diseño. Abre sus puertas de jueves a domingo de 20:00pm a 2:00am, ofreciendo una vivencia vibrante y diversa.
Visita Fusterlandia, un barrio transformado en una gran obra de arte por el artista José Fuster. Cada rincón está cubierto de coloridos mosaicos, creando un espacio lleno de vida. Es uno de los lugares más fotogénicos de La Habana, perfecto para pasar la tarde y dejarse sorprender por la creatividad local.

Disfruta el atardecer desde el Morro o saborea una piña colada en la terraza del restaurante La Divina Pastora, un sitio muy local. Desde allí, podrás contemplar una hermosa puesta de sol frente al Malecón, en un ambiente auténtico y tranquilo.
Visita los centros culturales con espectáculos de música cubana. En nuestra experiencia, asistimos al Centro Cultural Rosalía de Castro y quedamos impresionados por la calidad del show, su autenticidad y la energía del lugar. Sin duda, es una forma única de sumergirse en la rica tradición musical de la isla.
Pero La Habana tiene mucho más que ofrecer. Súbete a un coche clásico y pide que te lleven al Vedado, hasta Miramar, o al Bosque de Almendares, donde tuvimos la oportunidad de presenciar lo que parecía ser una ceremonia afrocubana. Nos comentaron que este es un lugar de gran energía espiritual. Un espacio verde y enigmático, perfecto para desconectarse, disfrutar de un picnic o simplemente explorar. En La Habana, observamos que la influencia de la santería se halla presente en cada rincón.

Filmoteca.
Los Dioses Rotos: Un intenso drama dirigido por Ernesto Daranas, que retrata la vida marginal en La Habana a través de la historia de una profesora universitaria que investiga la prostitución masculina.
Conducta: También dirigida por Ernesto Daranas, esta emotiva película cuenta la historia de un niño en situación de vulnerabilidad y su profunda relación con una maestra comprometida, en medio de una Habana auténtica y dura.
Fresa y Chocolate: Un clásico del cine cubano, dirigido por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío. Una obra que habla de la amistad, la tolerancia y la diversidad en el contexto de la sociedad cubana de los años 70.
Habana Blues: Una producción hispano-cubana dirigida por Benito Zambrano, que narra la vida de dos jóvenes músicos cubanos y su lucha entre permanecer fieles a sus raíces o emigrar para triunfar.
Historia de Cuba de Ramiro Guerra: Un documental fundamental que recorre los momentos clave de la historia cubana, a través de una visión crítica y reflexiva.
Para tener en cuenta…
En la mayoría de los establecimientos no se aceptan tarjetas, por lo que es esencial llevar euros o dólares (ambas monedas suelen ser aceptadas por igual) y por supuesto siempre tener a mano pesos cubanos. Los tipos de cambio en algunos lugares pueden ser muy desfavorables, así que conviene preguntar los precios tanto en moneda local y en euros antes de consumir o contratar servicios como taxis o coches clásicos, ya que las tarifas pueden variar considerablemente de una moneda a otra.
La Habana es una ciudad que se vive con todos los sentidos. Sus calles coloridas, la música que brota en cada rincón, la calidez de su gente y la mezcla fascinante entre historia y vitalidad la convierten en un destino único. Más allá de sus contrastes, deja una huella profunda: no solo por lo que se ve, sino por lo que se siente. Visitar La Habana es más que hacer turismo; es dejarse llevar por su ritmo y regresar con el corazón lleno de historias, sabores y momentos que difícilmente se olvidan.




































