Revista TIEMPO LIBRE

Ayako Rokkaku en el Museo Thyssen

Para los momentos en que te sientes paraíso

Textos: Evasión

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta una exposición dedicada a Ayako Rokkaku, una de las artistas japonesas más singulares de su generación.

Nacida en Tokio en 1982, Rokkaku ha desarrollado una estética profundamente personal que ahora puede contemplarse en una muestra comisariada por Guillermo Solana, donde se reúnen más de treinta obras entre pinturas, esculturas e instalaciones.

La exposición, enmarcada en el programa que pone en valor la colección de Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza, traza una línea entre las primeras obras de la artista y su producción más reciente.

Lo que emerge es un viaje visual por un imaginario en constante transformación, donde el tiempo no es una línea recta, sino un ciclo en el que los motivos vuelven, cambian y se reconfiguran.

Acrilico sobre lienzo. 90 x 60 cm. Cortesia de la artista y Konig Galerie

Técnica intuitiva y gestual

Conocida por su técnica intuitiva y gestual, Rokkaku pinta directamente con las manos, prescindiendo de pinceles, lo que otorga a sus lienzos una energía vibrante y táctil. En sus composiciones habitan figuras flotantes, criaturas que parecen suspenderse entre lo real y lo imaginario. En ellas es posible rastrear la influencia del mono no aware, la sensibilidad japonesa hacia lo efímero, lo que cambia, lo que nunca permanece del todo.

Sus primeros cuadros ya anticipaban ese mundo lleno de símbolos recurrentes, como los peces, que reaparecen años después integrados en nuevas formas. Así, su obra dialoga consigo misma, en una especie de metamorfosis perpetua que convierte cada pieza en un fragmento de un universo mayor.

Acrílico sobre lienzo. 130 x 160 cm. Cortesía de la artista y König Galerie

Performance de live painting

La exposición no se limita a lo contemplativo. Incluye también una performance de live painting, donde el público puede asistir en directo a su proceso creativo, como si el instante de la creación formara parte de la obra misma.

Más que una retrospectiva, la muestra es una inmersión sensorial en la obra de una artista que ha hecho del cambio su lenguaje y del arte, una manera de capturar lo inasible. Ayako Rokkaku no pinta para fijar imágenes, sino para dejar que fluyan, como nubes que se disuelven en el cielo.

Acrílico sobre lienzo. Diptico. 200 x 400 cm. Cortesía de la artista y König Galerie

Isabel Coixet. Collages

Si buscas más, el mismo Museo Nacional Thyssen-Bornemisza abre una nueva ventana al universo creativo de Isabel Coixet, esta vez lejos del cine. La directora y guionista barcelonesa presenta una selección de medio centenar de collages, reunidos bajo la mirada de Estrella de Diego, comisaria de la muestra. La exposición forma parte de la programación oficial de PHotoESPAÑA 2025, el festival de referencia de la fotografía y las artes visuales.

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Lejos de tratarse de una mera afición paralela, estos collages revelan una continuidad evidente con su trabajo cinematográfico. Coixet construye con papeles y fotografías escenas que remiten a los storyboards clásicos del cine, aquellos esquemas visuales que preparaban cada plano con una precisión milimétrica. Sus obras no solo sugieren imágenes, sino también emociones, silencios y decisiones narrativas.

Este trabajo se inscribe en una larga tradición vanguardista, con nombres como Hannah Höch o Kurt Schwitters como referentes inevitables. En sus composiciones, Coixet no oculta una cierta precariedad estética, una apuesta consciente por el uso de materiales mínimos que remite también a su modo de hacer cine, muchas veces íntimo, esencial, sin ornamentos innecesarios.

Como afirma la comisaria, “hay historias que se construyen a base de retazos, de fragmentos. Esperan y exigen del espectador el esfuerzo de llenar los huecos que la narración va dejando a su paso para recomponerlas y comprenderlas. De eso sabe mucho el cine: no basta con ver, debe haber un margen para las conclusiones”. Y es en esa construcción desde lo incompleto donde el collage encuentra su potencia, tanto plástica como conceptual. Coixet, fiel a su estilo, sigue exigiendo al espectador que mire más allá de la superficie, que conecte piezas y emociones para dar forma a una narrativa personal e irrepetible.