REPORTAJE

Viaje de Sabores por Europa I

Desde la soupe à l’oignons en Francia hasta el goulash húngaro… Explora la gastronomía en este viaje de sabores por Europa.

Fotos: Pixabay, Pexels, Wikipedia Hu Totya, Savannah Grandfather, Lily15, Amasuela – Luis Lafuente Agudín
Textos: Evasión

Europa ofrece todo tipo de experiencias a los turistas y viajeros que se animan a visitar alguno de los muchos territorios que componen este continente.

Una de las mejores formas de conocer sus países es la gastronomía, que no solo sacia el hambre, sino que nos presenta historias, une culturas y nos sumerge de lleno en la tradición de cada destino. 

Y es que cada país ofrece una experiencia culinaria distinta, con sabores que reflejan sus raíces y tradiciones. En este viaje de sabores por Europa, nos sumergiremos en los platos más icónicos, explorando tradiciones culinarias y destinos que todo amante de la buena mesa debería conocer, haciendo así un menú con cada país.

Francia: La soupe à l’oignons, Coq au Vin, Baggette y Croissant

No sorprende que Francia encabece este viaje gastronómico por Europa, y no solo por su cercanía a nuestro país, sino por su exquisito gusto culinario, en el que nos encontramos tanto dulces, como salados, marinados con un buen vino.

De primero, “La soupe à l’oignons” es uno de los platos más emblemáticos y tradicionales de la cocina francesa, cuyo sabor reconfortante ha conquistado a generaciones tanto en Francia como en todo el mundo. Esta sopa, sencilla pero sabrosa, tiene una larga historia y es el ejemplo perfecto de cómo la gastronomía francesa sabe transformar ingredientes humildes en una obra maestra culinaria.

Los ingredientes principales son: cebolla, caldo de carne o pollo (en algunas versiones se enriquece con vino blanco o coñac); pan tostado sobre la sopa; y queso gruyère o emmental, que se derrite sobre el pan tostado para formar una capa fundida y dorada.

Una buena baguette fresca y crujiente

El menú gastronómico de Francia continúa con una buena baguette fresca y crujiente y el “Coq au Vin”, que literalmente significa «gallo al vino». Su origen se remonta a tiempos antiguos, cuando la cocina rural francesa se basaba en ingredientes accesibles y de temporada.

El plato se popularizó en la región de Borgoña, famosa por su vino, lo que llevó a la combinación del gallo con un buen vino tinto. Con el tiempo, se fueron incorporando otros ingredientes típicos de la región, como las cebollas perladas, los champiñones y el tocino. En la actualidad, el Coq au Vin es considerado un plato de la cocina francesa tradicional, con muchas variantes regionales que incluyen diferentes tipos de vino o ingredientes adicionales.

Como postre, no podemos dejar de mencionar los croissants. Aunque se le asocia con la tradición francesa, en realidad, su nacimiento está vinculado a Austria.

La historia más popular cuenta que el croissant fue inspirado por la forma de la media luna del imperio otomano, que fue derrotado en el asedio de Viena en 1683. Según la leyenda, los panaderos vieneses crearon una masa en forma de media luna en celebración de la victoria.

Con el tiempo, la receta evolucionó y fue adoptada en otras regiones. Así, el croissant comenzó a ganar popularidad en Francia después de la Revolución Francesa. En ese momento, la esposa del rey Luis XVI, María Antonieta, originaria de Austria, lo introdujo en la corte francesa.

Alemania: Wurst, Schweinshaxe y Tarta Selva Negra

La lista de viaje de sabores por Europa continúa en Alemania, en el que acompañaremos este menú con una buena cerveza alemana. Y es que, con más de 1,300 cervecerías en el país, Alemania es famosa por su cerveza, especialmente las de tipo lager, como la Pilsner, Weissbier (cerveza de trigo) y Dunkel (cerveza oscura).

En la gastronomía alemana, hay una gran variedad de platos deliciosos y tradicionales, pero a la hora de seleccionar las dos comidas más esenciales de Alemania, la salchicha (Wurst) y el codillo de cerdo (Schweinshaxe), sobresalen. Estos dos platos representan no solo la rica tradición culinaria del país, sino también son parte integral de su cultura y estilo de vida, especialmente en las reuniones sociales y festividades

Así, las Wurst son un pilar de la cocina alemana y probablemente el plato más representativo del país, dado que existen más de 1.500 formas diferentes de comerlas. Por ejemplo, las bratwurst son salchichas a la parrilla hechas de carne de cerdo o ternera, populares en el norte y centro de Alemania; mientras que las currywurst son salchichas fritas servidas con salsa de curry y ketchup, un clásico de Berlín.

Schweinshaxe

En segundo lugar, el Schweinshaxe es otro plato esencial que refleja la comida abundante y reconfortante típica de Alemania, especialmente popular en la región de Baviera. Este plato consiste en un codillo de cerdo que se cocina lentamente hasta que la carne se vuelve tierna y jugosa, mientras que la piel se vuelve crujiente y dorada. Se suele acompañar con sauerkraut (col agria), patatas o knödel (albóndigas de pan).

Por otra parte, la Tarta Selva Negra es un icónico postre alemán originario de la región de la Selva Negra, famosa por su sabor intenso y elegante presentación. Se elabora con capas de esponjoso bizcocho de chocolate, crema chantilly y cerezas, lo que le aporta un equilibrio perfecto entre dulzura y acidez. Un toque distintivo es el licor de cereza (Kirschwasser), que impregna el bizcocho con un sabor característico. La tarta se decora con virutas de chocolate y cerezas enteras, creando un postre visualmente llamativo y delicioso.

Italia: bruschetta, pizza Napolitana y tiramisú

En tercer lugar de este viaje de sabores por Europa, uno de los destinos por excelencia a la hora de pensar en disfrutar de una buena comida es Italia. Y las dos comidas más esenciales de este bonito destino, famosas a nivel mundial y profundamente arraigadas en su cultura culinaria, son, sin duda, la pizza y la pasta.

Este menú culinario comienza con una “bruschetta”, originaria de la región central de Italia, especialmente Toscana y Lacio. Se trata de una rebanada de pan rústico, generalmente tostado a la parrilla, frotado con ajo y coronado con una mezcla de tomate fresco, albahaca y aceite de oliva virgen extra.

De plato principal encontramos la pizza, entre la que Napolitana es un símbolo icónico de Italia y se originó en Nápoles. Es conocida por su masa fina y suave, con bordes esponjosos (llamados cornicione) y su cocción rápida en hornos de leña, lo que le da un toque ligeramente carbonizada; mientras que la pizza Margherita, con sus colores que representan la bandera italiana (rojo del tomate, blanco de la mozzarella y verde de la albahaca), es la versión más icónica y ha sido reconocida como parte del patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO.

  Dormir y comer en un faro

De postre, no podíamos elegir otro que el tiramisú, un icónico postre italiano originario de la región del Véneto. Su nombre significa «levántame» o «tíramesu» en dialecto local, haciendo referencia a su efecto energizante por el café que contiene. Se elabora con capas de bizcochos de soletilla empapados en café, alternadas con una crema suave a base de queso mascarpone, huevos y azúcar. Se finaliza con una generosa capa de cacao en polvo espolvoreado.

Grecia: tzatziki, moussaka y baklava

Otro de los destinos más emblemáticos para disfrutar de un gran viaje de sabores por Europa es Grecia. Su cocina, profundamente enraizada en la historia y la tradición mediterránea, destaca por la frescura de sus ingredientes y la simplicidad de sus preparaciones, siempre buscando resaltar los sabores naturales.

Para comenzar, nada mejor que un tzatziki, un entrante clásico que refleja la esencia griega. Originario de la región continental, este plato consiste en una mezcla refrescante de yogur griego espeso, pepino rallado, ajo, eneldo y un toque de aceite de oliva virgen extra. Es perfecto como aperitivo o acompañamiento de pan pita y otros platos mediterráneos.

Tzatziki

Como plato principal, la moussaka es la estrella indiscutible de la gastronomía griega. Se trata de una deliciosa y contundente lasaña griega, elaborada con capas de berenjena asada, carne picada (generalmente de cordero o ternera), una salsa de tomate aromatizada con especias y coronada con una suave bechamel dorada al horno. Su combinación de texturas y sabores la convierte en un icono culinario del país.

Para el postre, el baklava es la elección perfecta. Este dulce tradicional, muy popular en la región de los Balcanes y Oriente Medio, se compone de finas capas de masa filo rellenas de nueces picadas y especias, todo bañado con un almíbar de miel y limón que le aporta un sabor dulce y aromático inconfundible. Es un símbolo de la repostería griega, ideal para cerrar una comida con un toque dulce y memorable.

Hungría: Goulash, lángos y dobos torta

La lista de viajes de sabores por Europa continúa con otro de los destinos por excelencia a la hora de pensar en disfrutar de una comida reconfortante y llena de tradición: Hungría.

Este recorrido gastronómico comienza con el «Goulash», una guiso originario de las llanuras húngaras, especialmente de la región de la Puszta. Se elabora con carne, patatas, zanahorias y una generosa cantidad de pimentón húngaro, lo que le otorga su característico color rojo intenso y un sabor ligeramente picante. Es un plato emblemático que simboliza la cocina rural y pastoril del país.

Goulash

Como plato principal, el lángos es un clásico que no puede faltar. Se trata de una masa frita de harina, levadura y agua, servida generalmente con ajo, crema agria y queso rallado. Aunque su origen se remonta a las antiguas tradiciones de pan horneado, el lángos moderno es una delicia callejera muy popular en ferias y mercados de toda Hungría, conocido por su textura crujiente por fuera y suave por dentro.

De postre, la icónica torta dobos es la elección perfecta. Creada por el pastelero József Dobos en el siglo XIX, esta tarta se compone de finas capas de bizcocho alternadas con una crema de chocolate suave y cubierta con una capa de caramelo crujiente.

 Eslovenia: jota, štruklji y potica

La lista finaliza en el corazón de Europa, donde Eslovenia destaca como un destino culinario excepcional, dado que los sabores tradicionales se entrelazan con la historia y la identidad cultural del país. Su gastronomía, influenciada por las regiones alpina, mediterránea y panónica, ofrece platos únicos y reconfortantes que reflejan la riqueza de su tierra.

El menú esloveno comienza con la «jota«, una sopa espesa y reconfortante originaria de la región de Primorska. Esta sopa se prepara con alubias, patatas, chucrut y a menudo se enriquece con carne de cerdo ahumada. Su sabor profundo y rústico la convierte en un plato perfecto para los meses fríos, destacando la sencillez y el aprovechamiento de ingredientes locales.

Potica

Como plato principal, encontramos los «štruklji«, un icónico plato esloveno que consiste en rollos de masa rellenos, generalmente cocidos o al vapor. El relleno puede variar entre dulce y salado, destacando opciones como requesón, espinacas, nueces o manzana. Su textura suave y el equilibrio de sabores lo convierten en un símbolo de la cocina eslovena, preparado en celebraciones y ocasiones especiales.

Para el postre, no podía faltar la «potica«, un dulce tradicional esloveno que se sirve especialmente durante las festividades. Esta delicia consiste en una masa fina enrollada y rellena de una mezcla de nueces, miel, azúcar y especias. Su forma de espiral y su sabor cálido y dulce la convierten en un emblema gastronómico del país, transmitido de generación en generación.

Este viaje de sabores por Europa es mucho más que una aventura culinaria. Es una experiencia que conecta con las tradiciones, el arte y la pasión de cada región, dejando recuerdos inolvidables en cada bocado.

¿Listo para saborear Europa?