Fecha: 10 de agosto de 2025 – Actualizado: 29 de agosto de 2025
Hacemos un recorrido por algunos de los destinos monocromáticos más fascinantes en los que el color comunica más que cualquier otra cosa.
Fotos: Pexels y Pixabay
Textos: Evasión
Viajar nos ayuda a descubrir el mundo en el que vivimos, aprendiendo su historia y cultura tan dispares. Y es que existen rincones del mundo donde el color no es un capricho, sino una decisión colectiva, histórica o incluso legislativa.
Los destinos monocromáticos son lugares que apuestan por una sola paleta de color, generando una estética hipnótica y coherente que seduce a los viajeros. Ya sea por tradición, funcionalidad o identidad cultural, estos pueblos y ciudades ofrecen una experiencia visual única, casi cinematográfica y con el auge masivo de las redes sociales, son cada vez más demandados.
Así, estos entornos ocultan una riqueza cultural y simbólica que merece ser explorada. A continuación, hacemos un recorrido por algunos de los destinos más fascinantes en los que el color comunica más que cualquier otra cosa.

Júzcar, España: de blanco a azul pitufo
La lista tenía que comenzar cerca de casa, en concreto en Málaga. En nuestro país también se apostó por pintar un bello pueblo de un color, en concreto en 2011, cuando este pequeño pueblo del Valle del Genal se transformó.
Hasta entonces, Júzcar era uno más entre los blancos pueblos andaluces (sobradamente conocidos), pero en ese año la agencia Bungalow25, que colaboraba con Sony con el lanzamiento de la película Los Pitufos, pensó que una buena estrategia sería pintar todas las fachadas de azul, y, vista la acogida del turismo, el pueblo decidió dejar de ese color las casas
De esta forma, el conocido ya como «pueblo pitufo» recibió (y sigue recibiendo) un aluvión de visitantes curiosos y familias, transformando su economía y su imagen. Así, Júzcar nos demuestra que una decisión estética puede reescribir el destino de un pequeño pueblo, esté dónde esté.

Chefchaouen, Marruecos: la perla azul
La lista continúa en Marruecos, en la conocida como “ciudad azul”. Enclavada en las montañas del Rif, Chefchaouen también es denominada como «la perla azul de Marruecos», dado que sus calles, fachadas, escaleras y hasta macetas están pintadas de distintas tonalidades de azul, creando una atmósfera serena y refrescante.
Se cree quel origen de esta elección cromática se remonta al siglo XV, cuando los judíos que huían de la Inquisición se refugiaron en la ciudad y comenzaron a pintar sus casas de azul, color que en su tradición representa el cielo y la divinidad. A día de hoy, esa costumbre ha perdurado, convirtiéndose en seña de identidad.

Sin embargo, no solo el color es lo llamativo de este destino. Aprovechando su ubicación, Chefchaouen es también un viaje ideal para los senderistas que quieran descubrir Marruecos atravesado por montañas.
Jodhpur, India: la ciudad azul de India
No solo cerca de casa han apostado por el azul. La lista de destinos monocromáticos continúa en el corazón del desierto de Thar, donde se alza Jodhpur, la ciudad azul de la India. Desde el fuerte de Mehrangarh se puede contemplar un mar de casas pintadas de azul celeste, una vista que queda grabada en la memoria.

Hay varias teorías sobre el origen del azul: algunos afirman que antiguamente se pintaron las fachadas de ese color porque era una forma de distinguir las viviendas de los brahmanes, la casta sacerdotal de la sociedad hindú que veneraba sobre todo a Krishna, cuyo rostro tiene este color.
Otros afirman que ese color se ha mantenido porque ayuda a repeler el calor o incluso a mantener alejados a los insectos. Sea como fuere, el azul se ha convertido en la marca de la ciudad.

Oia, Grecia: blanco y azul sobre el mar Egeo
Para finalizar con el azul, aunque no es monocromática en el sentido estricto, la estética de Oia, en Santorini, está marcada por la combinación de blanco impoluto y azul intenso. Las casas encaladas, con cúpulas azules y puertas a juego, se aferran a los acantilados con vistas al mar.
Este esquema responde tanto a motivos funcionales (el blanco refleja el calor, el azul es el color de Grecia) como simbólicos. El conjunto es de una armonía tal que se ha convertido en icono de las postales mediterráneas.

Cada elemento arquitectónico en Oia parece haber sido cuidadosamente diseñado para mantener esa unidad visual: desde las terrazas con vistas al Egeo hasta las iglesias ortodoxas con cúpulas redondeadas.
Este estilo ha sido objeto de regulaciones estrictas para su preservación, y tanto residentes como autoridades locales se esfuerzan por conservar esa identidad cromática que ha hecho de Oia un símbolo global del encanto griego.
Rabat, Malta: el destino dorado
No todos los destinos monocromáticos apuestan por colores llamativos. Por ejemplo, en Rabat y otras ciudades maltesas predomina un tono dorado, similar al color de la miel. Esta uniformidad se debe al uso de la piedra caliza local, la globigerina, fácil de tallar y abundante en la isla.

La arquitectura de Rabat destaca por sus muros de tonos suaves que cambian de matiz según la luz del día, pasando del dorado al ocre con el atardecer. Al igual que en el caso anterior, el uso de este color (provocado por el uso de la piedra) no solo obedece a criterios estéticos, sino también técnicos y climáticos: ayuda a mantener el interior de los edificios fresco, algo esencial en el caluroso verano mediterráneo.
Además, el cromatismo no se limita a la arquitectura. Incluso las decoraciones exteriores, como faroles, puertas o jardineras, suelen mantener una paleta neutra y terrosa, reforzando esa sensación de unidad visual.
Izamal, México: la ciudad amarilla de los mayas
En México también se apostó por el amarillo. Así, situada en Yucatán, Izamal destaca por su uniforme y radiante color dorado. Todo el centro histórico está bañado de esta tonalidad, lo que le otorga una luminosidad única y atrae a miles y miles de turistas.

La principal hipótesis que se baraja es que este color puede estar relacionado con el culto al dios solar maya Kinich Kakmó, aunque también se especula que fue una decisión para recibir al papa Juan Pablo II en 1993. Desde entonces, el amarillo se mantiene.
La piedra caliza, cubierta por pintura amarilla, refuerza la sensación de unidad visual. Y es que la tradición marca que incluso nuevas construcciones en el centro histórico deben mantener la misma gama cromática, consolidando su estética singular.

Además de su color, cabe mencionar aquí que Izamal es conocida como «la ciudad de las tres culturas»: la prehispánica, la colonial y la contemporánea conviven en un mismo espacio.
Shibam, Yemen: la Manhattan del desierto
Shibam es una ciudad amurallada construida en adobe que parece sacada de otro tiempo. Todos sus edificios, de hasta once pisos, comparten el mismo tono terroso, propio del barro cocido con el que fueron construidos.
Este uso monocromático no es solo una cuestión estética. El barro ayuda a mantener las viviendas frescas y se adapta perfectamente al entorno desértico. De hecho, su arquitectura vertical y uniforme ha sido reconocida por la UNESCO.

Así, Shibam forma parte del Patrimonio Mundial desde 1982 y es uno de los ejemplos más antiguos de urbanismo vertical planificado. Sus torres de adobe, que datan de los siglos XVI y XVII, fueron construidas para proteger a la población de ataques tribales y de las crecidas estacionales.
El uso exclusivo de materiales locales le otorga esa coherencia cromática que parece fundirse con las arenas del desierto.
Por mucho que pasen los años, sus callejones angostos y edificaciones homogéneas no solo impresionan por su antigüedad, sino por la forma en que el color y la arquitectura se integran con el entorno natural

Viajar a uno de estos destinos es sumergirse en una atmósfera donde el color es protagonista y narrador. No se trata solo de ver, sino de sentir cómo un solo matiz puede transformar por completo nuestra percepción del entorno. La próxima vez que planees una escapada, quizá quieras buscar no solo un lugar, sino un color para perderte.




































