Para muchos, Barilla está asociado a la autenticidad y la tradición de la cocina italiana.
Textos: Evasión
Fotos: Pixabay y Pexels
Spaghetti, fusilli, gnocchi, penne rigate, farfalle, bucatini, linguine, tagliatelle… Son solo algunos de los numerosos tipos de pasta que existen en Italia desde hace siglos. Esta variedad forma parte fundamental de la gastronomía italiana y su identidad cultural.
El origen exacto de la pasta es incierto y motivo de debate. Existe una leyenda popular que atribuye a Marco Polo la introducción de la pasta en Italia durante sus viajes por Asia, aunque esta teoría es discutible y no está plenamente confirmada.

Lo que sí parece claro, según documentos históricos, es que la combinación entre la pasta y la salsa de tomate tuvo lugar en el siglo XVIII, en el sur de Italia. Este momento fue decisivo para el nacimiento de una cocina que, siglos después, se ha convertido en un fenómeno internacional.
En este contexto, la firma Barilla, con sede en Parma, vio la luz. La empresa fue fundada 1877 por Pietro Barilla y actualmente no solo ofrece diferentes tipos de pasta de grano duro y pasta fresca, sino que también cuenta con una extensa gama de salsas, galletas, panecillos y otros productos. De hecho, para muchos, su nombre está asociado a la autenticidad y la tradición de la cocina italiana.
Orígenes humildes y crecimiento industrial
Los orígenes de Barilla se remontan a una pequeña tienda de pan y pasta alrededor de 1877, con una capacidad de 50 kilos diarios con una filosofía clara: “producir buenos alimentos”. Esta cantidad pronto resultó insuficiente ante la creciente demanda de los consumidores en Parma.
En 1910, para satisfacer esta demanda, Barilla construyó una fábrica en las afueras de la ciudad, equipada con un innovador horno continuo, una tecnología avanzada para la época. Esta fue la primera fábrica de este tipo en Parma.
Durante la Primera Guerra Mundial, la empresa evitó grandes problemas, pero en 1919 sufrió la pérdida trágica de Gualtiero Barilla, quien falleció joven. Su hermano Riccardo asumió la dirección y condujo la empresa durante el periodo de entreguerras.

En ese tiempo, Barilla se enfrentó a diversas tensiones sociales y conflictos laborales, pero se mantuvo inquebrantable hasta los 50 Barilla, cuando se modernizó sus procesos de producción y se fortaleció su imagen publicitaria.
El alcance de la empresa se extendió por todo el país para afianzarse en Italia y un par de décadas después convertirse en una de las marcas italianas más reconocidas.
Pérdida y recuperación de gran parte de las acciones de Barilla
No obstante, la dura situación económica provocó que la multinacional estadounidense W.R. Grace adquiriese la mayor parte de las acciones y tomó el control de la empresa. Esto no duró mucho, ya que en 1979, el nieto del fundador, Pietro Barilla, recuperó la participación familiar y volvió a dirigir la empresa.

Tras esta recuperación, Barilla consolidó su posición y creó la filial Barilla Francia, la primera sociedad en el extranjero. Esta expansión internacional fue apoyada por muchas figuras públicas.
Desde 1993, la empresa está bajo el control de los hermanos Luca, Paolo y Guido Barilla, representantes de la cuarta generación familiar. Bajo su liderazgo, Barilla ha apostado por la internacionalización y la compra de otras empresas europeas.
Publicidad y calidad: la clave del éxito
Desde muy temprano, Barilla comprendió que para aumentar sus ventas eran esenciales dos factores: calidad y publicidad. Este enfoque fue innovador en Italia y sigue siendo fundamental para la marca hoy.
Durante las décadas de 1920 y 1930, cuando no era obligatorio el empaquetado, la pasta se vendía al peso. Barilla fue pionera en la creación de objetos publicitarios y grandes carteles para promocionar sus productos, lo que contribuyó a posicionarla como la principal fabricante del norte de Italia.
En 1937, lanzó su primer producto empaquetado con un diseño de logo impreso y un eslogan memorable: “Pasta Fosfina, dà forza ai deboli, sostiene i forti”.
Este enfoque ha acompañado el proceso de expansión internacional de Barilla hasta nuestros días, manteniendo una imagen coherente que vincula sus productos a momentos de cercanía, tradición y confianza. La consistencia de su comunicación publicitaria ha sido tan determinante como la calidad de sus productos en el camino hacia el liderazgo global.




































