REPORTAJE Revista

Un recorrido por las supersticiones de fin de año en Europa

Hacemos un repaso por los rituales, creencias, símbolos y supersticiones de año nuevo que aún marcan Europa.

Textos: Evasión Diez – Fotos: Pixabay

El cambio de año es un momento simbólico que cada cultura interpreta a su manera, realizando diversas tradiciones que se van heredando generación tras generación.

Europa, con su diversidad histórica y su mezcla de tradiciones, cuenta con un amplio repertorio de supersticiones que siguen vivas en la actualidad. Para muchos europeos, despedir el año supone un momento de transición cargado de esperanza, en el que cada gesto parece tener el poder de atraer fortuna, amor o estabilidad.

En el presente reportaje hacemos un recorrido por estas costumbres curiosas para demostrar cómo, detrás de pequeños rituales, se esconden siglos de historia y un imaginario común que busca influir en aquello que no se puede controlar: el futuro.

España y el significado oculto de las doce uvas

La lista tenía que comenzar en nuestro país, dado que una de las tradiciones más extendidas es la española: el comer las doce uvas de la suerte a medianoche. Cada uva representa un mes, y tomarlas al ritmo exacto de las campanadas garantiza, en teoría, un año próspero.

Su origen suele situarse a principios del siglo XX, cuando algunos viticultores de Alicante con excedentes de producción impulsaron la costumbre. Otra teoría argumenta que, a finales del siglo XIX, esta tradición comenzó como una imitación a la burguesía francesa, iniciada por madrileños en la Puerta del Sol como un acto de burla que luego se volvió popular.

Sea cual sea el origen real, muy pronto se popularizó hasta convertirse en un ritual nacional.

Y es que, además de atraer buena suerte, las uvas simbolizan la capacidad de empezar el año “todos unidos”. Esta tradición, exportada también a países latinoamericanos, sigue siendo una de las más conocidas del continente.

Italia y sus símbolos de abundancia y renovación

Italia recibe el nuevo año mezclando supersticiones relacionadas con la fortuna y la pasión. Uno de sus rituales más conocidos es utilizar ropa interior roja, una prenda que garantiza buena suerte, especialmente en el terreno amoroso. Esta costumbre se remonta a la Antigüedad, dado que en la Antigua Roma asociaban el color rojo con la prosperidad y la fertilidad, y en la Edad Media con la protección contra el mal.

Otro elemento fundamental son las lentejas, un plato casi obligado en las cenas de Nochevieja. Su forma redondeada y su tono dorado evocan monedas antiguas y, por extensión, riqueza.

Además, en fin de año en algunas regiones, como en el sur del país, se mantiene la costumbre de arrojar por la ventana objetos viejos para “hacer sitio” a lo nuevo, una práctica que simboliza la despedida del año pasado y de sus energías negativas.

Alemania y la tradición “adivinatoria” del plomo

En Alemania, una de las supersticiones más características y sorprendentes es el Bleigießen, una forma de adivinación donde una pequeña porción de metal se derrite y se vierte en agua fría. La figura que adopta el metal solidificado se interpreta como presagio del porvenir. Aunque hoy en día se utiliza estaño por motivos de seguridad, el ritual conserva su esencia.

Para realizarlo, las familias primero suelen comprar un “kit de adivinación” (que se vende en las tiendas) para después reunirse alrededor de una mesa y descifrar figuras que se asocian con éxito, viajes, salud o cambios inesperados.

Este gesto tradicional alemán conecta el Año Nuevo con antiguas prácticas adivinatorias de raíces medievales que buscaban interpretar señales en objetos cotidianos.

Escocia y el visitante que marca el destino

En Escocia y en algunas partes de Inglaterra, el Año Nuevo está marcado por la figura del first-footing, que consiste en que la primera persona en cruzar el umbral de una casa tras la medianoche determina la suerte del hogar durante el nuevo año.

En este contexto, la tradición (cuyo origen es celta y vikingo) afirma que la persona “first-footing” ideal es un hombre moreno y alto, que llega a la casa con pequeños regalos como carbón, pan o whisky. Cada elemento simboliza algo: calor, alimento y alegría.

Grecia y la moneda de la fortuna

En Grecia, la superstición de Año Nuevo gira en torno a la vasilopita, un dulce circular con forma parecida a un bizcocho en el que se esconde una moneda antes de hornearlo.

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Tras cortarlo, cada miembro de la familia recibe un trozo como postre de la cena de Nochevieja, y quien encuentre la moneda disfrutará de buena suerte ese nuevo año.

La leyenda dice que su origen se remonta al siglo IV, cuando San Basilio el Grande, para devolver las riquezas que los habitantes le habían ofrecido para pagar impuestos a un gobernador, horneó en pequeños pasteles con monedas dentro para que cada persona recibiera su parte de forma justa.

Este ritual a veces viene junto a otra tradición que puede sorprender: romper una granada en la entrada de la casa. Sus semillas, asociadas desde la antigüedad a la fertilidad y a la abundancia, representan el deseo de prosperidad colectiva.

Países Nórdicos y la influencia de la naturaleza

En Dinamarca, la tradición es romper platos viejos contra las puertas de los amigos y familiares, creando una pila de platos rotos como señal de afecto.

Esta tradición, que se remonta a la Edad Media (momento en el que se creía que los platos rotos alejaban los malos espíritus y traían buena suerte para el año entrante), se sigue realizando en el país. De hecho, está tan arraigada que los daneses guardan los platos viejos durante todo el año para poder realizarla en Nochevieja.

Por su parte, en Finlandia, también buscan averiguar el futuro del nuevo año durante la Nochevieja. Con una tradición parecida a la de Alemania llamada “Valaa Tinaaa”, los finlandeses vierten estaño derretido en agua con el objetivo de adivinar e interpretar lo que les depara el nuevo año.

Al producirse el choque térmico del estaño caliente y el agua fría, este metal se solidifica instantáneamente creando formas que se interpretan para hablar de salud, prosperidad, felicidad…

Francia y el poder del brindis y del muérdago

Francia celebra el final del año con una mezcla de elegancia y tradición popular. El brindis con champán, bebida emblemática del país, no es solo un gesto festivo, sino un símbolo de celebración compartida. En paralelo, el muérdago protagoniza una de las supersticiones más arraigadas. Besarse bajo una rama de muérdago asegura suerte y unión en la pareja.

Este ritual procede de creencias celtas que atribuían a esta planta propiedades protectoras y de fertilidad. Su presencia en puertas y salones es habitual durante las fiestas navideñas.

Portugal y los sonidos que ahuyentan la mala fortuna

Portugal combina supersticiones heredadas de sus raíces mediterráneas con algunas de origen campesino. Además de la tradición de comer doce pasas (siguiendo el modelo de las doce uvas en España) y al contrario que en Italia, se cree que el llevar ropa interior azul en Nochevieja trae buena suerte para el año venidero. De hecho, en algunas familias, se suele regalar este tipo de prendas en Navidad para empezar bien el fin de año.

Por otra parte, se acostumbra a hacer ruido golpeando cacerolas o latas para espantar malas energías y ahuyentar a los fantasmas del año que acaba.

Rumanía sale a las calles

En último lugar, los países del Este europeo introducen un enfoque distinto, marcado por la convivencia entre supersticiones rurales y celebraciones religiosas.

En Rumanía, grupos de jóvenes se disfrazan de osos y caballos para recorrer las calles y así alejar a los malos espíritus y dar la bienvenida al año nuevo.

En definitiva, a primera vista, estas tradiciones pueden parecer muy distintas entre sí, pero comparten una misma esencia. En toda Europa se repiten ideas como atraer prosperidad, dejar atrás lo negativo y buscar protección para el nuevo ciclo.

Ya sea a través de alimentos simbólicos, gestos cargados de historia o rituales comunitarios, la Nochevieja funciona como un puente entre deseos personales y creencias colectivas.

Las supersticiones, lejos de ser simples anécdotas, ayudan a entender cómo cada sociedad encara la incertidumbre.

En un continente marcado por siglos de intercambio cultural, estas prácticas configuran un mapa emocional que se renueva cada diciembre. Desde el Mediterráneo hasta el Báltico, el Año Nuevo sigue siendo un momento en el que lo racional convive con lo mágico.