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Lacoste: la elegancia del cocodrilo francés

Descubre la historia de Lacoste y cómo René Lacoste convirtió al cocodrilo en un símbolo global y cambió las reglas del estilo.

Pocos logotipos son tan reconocibles como el de un cocodrilo verde. Pero detrás de este emblema, se esconde la historia de un tenista de leyenda que decidió cambiar las reglas del juego, no solo en la pista, sino también en el mundo de la moda.

Fotos: Pixabay y Pexels
Textos: Evasión

A la hora de hablar de marcas que han dejado una huella imborrable en el mundo de la moda, el nombre de Lacoste se alza como un símbolo de elegancia deportiva y vanguardia.

Fundada por el legendario tenista René Lacoste, esta firma no solo revolucionó la vestimenta en las pistas de tenis, sino que también estableció un estilo de vida que perdura hasta hoy.

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Lacoste: de las pistas a la pasión por la moda

La historia de Lacoste comienza con su fundador, René Lacoste, un tenista francés que formó parte del mítico equipo de «Los Mosqueteros» que ganó seis veces consecutivas la Copa Davis.

Conocido por su estilo audaz y su inquebrantable tenacidad en la pista, fue apodado «El Cocodrilo» en 1923, cuando el joven tenista se encontraba en Boston, Estados Unidos, para disputar un partido de la Copa Davis.

Paseando por la ciudad con su capitán de equipo, Allan Muhr, Lacoste vio una elegante maleta de piel de cocodrilo en el escaparate de una tienda. Muhr, en tono de broma, le prometió regalarle la maleta si ganaba el difícil partido que le esperaba.

Un periodista estadounidense, fascinado por su tenacidad y su feroz estilo de juego que nunca soltaba a su «presa», publicó un artículo comparando su actitud en la pista con la de un cocodrilo. Lacoste, lejos de molestarse, adoptó el apodo y lo convirtió en su símbolo personal.

En 1933, junto al industrial André Gillier, Lacoste fundó «La Chemise Lacoste». El objetivo era crear una prenda cómoda para el tenis que contrastara con la rigidez de las camisas de manga larga que se usaban en ese entonces. Así nació el polo, confeccionado en un innovador tejido de punto de algodón llamado «petit piqué».

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El Cocodrilo se convierte en símbolo

El distintivo cocodrilo bordado en el pecho del polo no fue una casualidad. René Lacoste, un precursor de la personalización, lo mandó bordar en sus blazers mucho antes de la fundación de la empresa.

Este gesto convirtió a Lacoste en la primera marca en lucir su logo de manera visible en una prenda, un movimiento arriesgado en su momento pero que sentaría un precedente en la industria.

A medida que Lacoste crecía, su icónico cocodrilo se consolidó como un emblema global. Más allá de las pistas de tenis y los campos de golf, la marca fue adoptada por diversas subculturas.

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El Polo de Lacoste

En este contexto, el polo L.12.12, con su diseño de cuello y mangas cortas, fue una verdadera revolución para la moda deportiva. La innovación no solo se centró en su tejido transpirable y ligero, el “petit piqué”, que permitía a los tenistas sudar menos, sino también en su funcionalidad. Las mangas cortas optimizaban la movilidad, un factor clave en el deporte.

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Sin embargo, en los años ochenta y noventa, los polos Lacoste se convirtieron en una prenda distintiva en la escena de la moda casual y en la cultura urbana, lo que demostró su versatilidad y su capacidad para trascender su origen deportivo.

René Lacoste, con su mentalidad vanguardista, no se detuvo ahí. Tras su triunfo en las canchas, el «hombre de blanco» decidió llevar el color al mundo del tenis, que hasta entonces había estado dominado por el blanco. Los primeros polos de colores aparecieron en 1951, ampliando el espectro de la moda deportiva.

Crecimiento, diversificación y un legado familiar

A lo largo de los años, Lacoste se expandió más allá del polo. La marca diversificó su línea de productos, incursionando en el calzado, artículos de cuero, lencería, perfumes y relojes. Este crecimiento estratégico la llevó a ser una marca global, vendiendo en más de 110 países para el año 2005.

Tras la muerte de René Lacoste en 1996, la empresa continuó evolucionando. La dirección de la marca pasó a manos de su hijo, Bernard Lacoste, quien en 2005 cedió la presidencia a su hermano menor. La dirección creativa también se renovó, y la firma se mantuvo relevante y moderna en un mundo de moda en constante cambio.

La marca ha sabido mantener un equilibrio entre su herencia deportiva y una visión contemporánea, colaborando incluso con el Comité Olímpico Nacional de Francia para los Juegos Olímpicos.

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Un enfoque en la sostenibilidad y el diseño

Además, continúa apostando por la innovación en el diseño, reinterpretando sus clásicos y lanzando colecciones que combinan su herencia con las últimas tendencias.

En la actualidad, Lacoste no solo mira al pasado con respeto, sino que también se enfoca en el futuro. La firma ha puesto en marcha iniciativas para mejorar la sostenibilidad de sus procesos y materiales, reflejando una conciencia moderna sobre el impacto ambiental de la industria de la moda.

La historia de Lacoste es un relato de tenacidad, visión y elegancia. René Lacoste no solo fue un campeón en las pistas, sino también un pionero en la moda. Su legado perdura en cada polo con el cocodrilo, una prenda que simboliza un estilo de vida que valora la simplicidad, la calidad y la libertad de movimiento.

En definitiva, su historia es un testimonio de cómo la innovación, la tenacidad y una visión clara pueden transformar una idea simple en un icono de estilo universal.