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Cuba: Cienfuegos, Trinidad-Cayo Santamaria, Valle de Viñales

Tras cuatro días inolvidables en La Habana —que relatamos en nuestra edición anterior—, nuestro viaje por Cuba nos llevó a descubrir nuevos rincones. La primera parada fue la encantadora Cienfuegos, seguida de una escapada a la colorida y colonial Trinidad. Nos entregamos al descanso con cuatro noches frente al mar en las playas de ensueño de Cayo Santa María. Finalmente, cerramos esta travesía con una visita al apacible Valle de Viñales, donde la exuberante naturaleza y la calma invitan a la contemplación.

Por Nuria Araguás y A.B.S
Fotos: ©Evasión  

DE LA HABANA A CIENFUEGOS

El viaje por carretera de La Habana a Cienfuegos, aunque lleno de encanto y paisajes múltiples, fue una experiencia que requirió paciencia y sentido de la aventura. Aunque la distancia no es excesiva, el trayecto se alargó considerablemente debido al mal estado de las carreteras cubanas. Baches profundos, tramos sin mantenimiento y desvíos inesperados fueron parte del camino. A lo largo de la Autopista Nacional —la principal vía que recorre la isla— nos cruzamos con caballos, bicicletas y hasta puestos de venta ambulante que ofrecían frutas, queso o café, como si el arcén fuera un mercado rural improvisado. Nos sorprendió ver lineales de arroz expandido en los arcenes de la autovía que en principio pensamos se hacía para el secado y que mas tarde descubrimos es un acto religioso lleno de simbolismo, respeto y conexión con lo espiritual según la tradición afrocubana.

Uno de los mayores retos fue el acceso a la gasolina. En Cuba, los turistas deben repostar en gasolineras especiales, que no solo son escasas, sino que a veces están mal señalizadas o fuera de servicio. Encontrar una, implicaba planificación y suerte. Mientras tanto, las gasolineras para la población local estaban saturadas, con colas interminables y un límite de apenas 10 litros por persona. Esta diferencia refleja la complejidad del día a día en la isla. A pesar de todo, el viaje ofreció una mirada auténtica a la vida cubana y fue el preludio perfecto a la belleza tranquila de Cienfuegos.

Como consecuencia de la escasez de combustible, el transporte público era prácticamente inexistente, lo que obligaba a muchas personas a recurrir al autoestop como única forma de desplazarse. A lo largo de la carretera, era común ver paradas abarrotadas de gente esperando durante horas, sin certeza de si pasaría algún autobús. Este contexto nos brindó una oportunidad única para acercarnos más a la realidad cubana, al ofrecer espacio en nuestro vehículo, compartimos trayectos con mujeres acompañadas de sus hijos, trabajadores que se dirigían a sus empleos y otros viajeros cotidianos. Estas breves conversaciones, cargadas de sinceridad y calidez, nos permitieron conocer de primera mano el sentir del pueblo cubano, su resiliencia ante las dificultades y la solidaridad que caracteriza su día a día. Más que simples trayectos, esos momentos se convirtieron en una valiosa lección de humanidad y empatía.

CIENFUEGOS, LA PERLA DEL SUR

Cienfuegos, es una ciudad que sorprende por su elegancia, su aire tranquilo y su marcada influencia francesa. Fundada en 1819 por colonos procedentes de Burdeos y Luisiana, su arquitectura neoclásica, sus amplias avenidas y su ordenado trazado urbano la distinguen del resto de ciudades cubanas, otorgándole una identidad propia que nos cautivó.

Ubicada a orillas de una gran bahía, Cienfuegos invita a pasear sin prisa por su encantador centro histórico, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. El Parque José Martí, corazón de la ciudad, está rodeado de edificios majestuosos como el Teatro Tomás Terry, el Palacio de Gobierno y la Catedral de la Purísima Concepción. Muy cerca, el bulevar peatonal regala una animada vida local, con tiendas, cafeterías y música callejera.

Una visita a Cienfuegos no estaría completa sin acercarse al malecón al atardecer, cuando la luz tiñe de dorado la bahía y la brisa marina refresca el paseo. También merece la pena visitar Punta Gorda, una península elegante con vistas panorámicas y casas de época, incluyendo el emblemático Palacio de Valle, un edificio ecléctico que mezcla estilos morisco, gótico y barroco.

Nos hospedamos en el Hotel La Union affiliated by  Mélia, que con una ubicación privilegiada alberga hermosos patios interiores y confortables habitaciones donde encontramos una sugestiva atmósfera de siglos pasados.

De no haber sido por los cortes de luz y problemas de suministro que afectaban a la isla durante nuestra estancia, la experiencia habría sido casi perfecta. Recomendamos tener en cuenta este tipo de condiciones al planificar tu viaje, ya que pueden influir notablemente en la comodidad del alojamiento, por excelente que sea.

Una de las cosas que nos gustó de Cienfuegos fue la abundancia de bancos y sillas distribuidos por las calles, parques y la avenida a lo largo de la bahía. Estos rincones invitan a relajarse, ofreciendo el espacio perfecto para descansar mientras se observa tranquilamente la vida de los locales y se disfruta de las hermosas vistas de los atardeceres rojos de Cienfuegos.

Cienfuegos deslumbra con su serenidad y autenticidad, un destino ideal para conectar con el lado más elegante y sofisticado de Cuba

TRINIDAD, UN VIAJE AL PASADO COLONIAL DE LA ISLA

Trinidad es un viaje al pasado. Sus empedradas calles y coloridas casas coloniales parecen detenidas en el tiempo. Fundada en 1514 y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, esta localidad conserva un aire romántico gracias a sus balcones de madera, patios interiores repletos de flores y vegetación y su característica Plaza Mayor, núcleo vibrante donde confluyen historia y vida cotidiana.

Al pasear por sus empinadas callejuelas, uno descubre talleres de artesanía tradicional, pequeñas galerías de arte y restaurantes que ofrecen delicias como el cerdo asado y la famosa “ropa vieja”. No lejos del centro, el Museo Romántico se alza en una mansión del siglo XIX, mostrando salones con mobiliario original y objetos que evocan la bonanza azucarera.

Trinidad también es la puerta de entrada al Valle de los Ingenios, un conjunto de antiguas haciendas azucareras rodeadas de verdes colinas. Sus miradores permiten contemplar el trazado de antiguas vías de tren y chimeneas olvidadas, testigos mudos de otra época. Para relajarse, Playa Ancón, a pocos kilómetros de la ciudad, ofrece arenas blancas y aguas turquesa, perfectas para nadar o bucear.

Al caer la tarde, Trinidad se llena de música: desde ritmos cubanos en vivo en la Casa de la Música hasta músicas tradicionales interpretadas por trovadores en la calle. Allí, cada rincón invita a dejarse llevar por un encanto especial.

LOS CAYOS DE CUBA: PARAÍSOS DE ARENA BLANCA Y AGUAS TURQUESA

Los cayos de Cuba son auténticos edenes caribeños, donde el mar parece pintado con una paleta de azules infinitos y la tranquilidad se convierte en una forma de vida. Separados del resto de la isla por extensas franjas de mar, estos islotes de arena blanca y vegetación tropical ofrecen una experiencia de desconexión total, perfecta para quienes buscan sol, mar y naturaleza en estado puro.

Entre los más conocidos se encuentran Cayo Santa María, Cayo Coco y Cayo Guillermo, todos accesibles a través de largos pedraplenes —carreteras elevadas sobre el mar— que ya por sí solos ofrecen un viaje escénico singular. Cayo Santa María, por ejemplo, destaca por sus lujosos resorts todo incluido y sus playas de aguas cristalinas ideales para nadar o simplemente relajarse bajo una sombrilla de palma.

Los cayos también son un destino privilegiado para el buceo y el snorkel, gracias a sus arrecifes de coral llenos de vida marina. Además, albergan áreas protegidas como refugios de flamencos, pelícanos y otras especies endémicas, lo que los convierte en lugares ideales para el ecoturismo.

En los cayos de Cuba, el tiempo se detiene entre baños de sol, caminatas por playas solitarias y atardeceres que tiñen el mar de oro y coral.

CAYO SANTA MARÍA

Cayo Santa María: Paraíso Natural y Exclusividad en el Caribe Cubano

Ubicado en el norte de Cuba y conectado al continente por un espectacular pedraplén de 48 kilómetros sobre el mar, Cayo Santa María es un paraíso caribeño donde el tiempo se para. Playas de arena blanca, aguas cristalinas y un entorno virgen lo convierten en un destino ideal para la desconexión, naturaleza y exclusividad.

Nos alojamos en el Hotel Meliá Buenavista, un resort solo para adultos que redefine el concepto de lujo y privacidad. Rodeado por una reserva natural y con acceso a tres playas prácticamente desiertas, este hotel ofrece suites amplias con vistas al mar, servicio de mayordomo y una atención personalizada que marca la diferencia. La tranquilidad se respira en cada rincón, desde el YHI Spa hasta los restaurantes gourmet al aire libre.

Más allá del descanso, Cayo Santa María invita a explorar. Desde Playa Perla Blanca, perfecta para largos paseos entre estrellas de mar, hasta Playa Las Gaviotas, dentro de una reserva ecológica ideal para practicar snorkel. Para quienes buscan algo de vida local, las plazas La Estrella y Las Dunas ofrecen artesanía, música en vivo y gastronomía cubana.

Meliá Buenavista no es solo un lugar para dormir, es una experiencia de serenidad y belleza natural en el corazón del Caribe. Por las tardes, el humedal se transforma en un escenario mágico donde la música en vivo y las copas de vino acompañan el lento caer del sol. En estos atardeceres inolvidables, sobre un pantalán extendiéndose sobre el mar como un puente hacia el horizonte, queda grabada en la memoria la silueta de una majestuosa garza. Cada día, la veíamos pasear sobre las aguas rosadas con su paso elegante, hasta que el último rayo de luz se desvanecía y, entonces, alzaba el vuelo desplegando sus imponentes alas. Instantes así se convierten en recuerdos eternos.

Otra de las experiencias para recordar fue contemplar un temporal desde la tranquilidad de una hamaca. Las olas golpeaban con fuerza las rocas, elevando columnas de espuma blanca que se dispersaban fugazmente sobre la superficie. El sonido constante del agua rompiendo creaba una sinfonía natural, tan relajante como poderosa. En el horizonte, el cielo despejado y el mar azul se fundían en una infinita gama de tonos celestes. Cada ola imponente traía consigo una ráfaga de brisa salina, fresca y vibrante, que envolvía el momento con una energía única. Fue una vivencia serena pero intensa, en la que se entrelazaron calma, fuerza y belleza en un mismo instante.

DE LA HABANA AL VALLE DE VIÑALES, la ruta de la autenticidad

A solo unas tres horas por carretera desde La Habana —aproximadamente 180 kilómetros hacia el oeste— se encuentra uno de los tesoros más auténticos de Cuba: el Valle de Viñales. Situado en la provincia de Pinar del Río, visitarlo es una experiencia imprescindible para quienes desean descubrir la Cuba rural más auténtica y pintoresca. Este pequeño pueblo, rodeado de montañas, plantaciones de tabaco y los famosos mogotes —formaciones rocosas únicas—, ofrece un paisaje natural de una belleza sobrecogedora y un ritmo de vida pausado y hospitalario.

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es ideal para recorrer a pie, en bicicleta o a caballo. Durante el recorrido se pueden visitar fincas de tabaco tradicionales, donde los campesinos muestran el proceso artesanal de producción de los famosos puros cubanos, desde la cosecha hasta el secado y el torcido de las hojas.

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Las Terrazas: un alto en el camino

Antes de adentrarte en el verde infinito del Valle de Viñales, una parada en Las Terrazas puede convertirse en una experiencia única. Situada en la Sierra del Rosario, a solo una hora y media desde La Habana, esta comunidad ecológica es un modelo de desarrollo sostenible y una joya escondida entre montañas cubiertas de selva tropical.

Fundada en los años 70 como un proyecto de reforestación y vida comunitaria, Las Terrazas combina naturaleza, historia y cultura. Hoy es Reserva de la Biosfera por la UNESCO y hogar de artistas, músicos y agricultores que viven en armonía con el entorno.

Aquí, los visitantes pueden disfrutar de un café cubano con vistas desde el Café de María, recorrer senderos ecológicos entre cascadas, o bañarse en pozas naturales como el Río San Juan, de aguas frescas y cristalinas. También se puede visitar antiguas ruinas cafetaleras francesas del siglo XIX y conocer cómo vivían los colonos en estas montañas.

Las Terrazas es una ventana a otra Cuba, donde la ecología y la comunidad van de la mano. Ideal para los que desean un respiro antes de seguir rumbo al Valle de Viñales, y perfecta para quienes buscan una conexión única con la naturaleza cubana.

Descubriendo Viñales: Un Viaje al Corazón de Cuba

Al llegar a Viñales, nuestra elección de alojamiento fue el Mystique Viñales Central, un hotel sencillo que de nuevo nos transportó a épocas pasadas por su decoración y mobiliario. Su perfecta ubicación facilita el acceso a varios de los sitios más emblemáticos de la zona, cuyas construcciones preservan con esmero los elementos patrimoniales que definen este lugar.

Otra opción de hospedaje son las casas particulares, donde las familias locales ofrecen una experiencia más cercana, con desayuno incluido y la posibilidad de disfrutar de una cena casera. Muchas de ellas también organizan excursiones personalizadas, lo que permite una inmersión completa en la vida cotidiana cubana, con el toque auténtico de la gastronomía casera.

Viñales es un pueblo pequeño y acogedor. Un paseo nos lleva hasta la plaza principal, rodeada por la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús y varios cafés y restaurantes, es el epicentro de la vida social del pueblo donde la gente se reúne por la tarde a conversar, bailar o simplemente disfrutar del aire fresco. Destaca el vibrante Centro Cultural Polo Montañez, en honor al célebre cantautor guajiro. Este Centro Cultural, ofrece espectáculos en vivo, mientras que bares locales y la misma plaza se convierten de noche en pistas de baile improvisadas al ritmo del son, la salsa o la trova.

Caminar por sus calles es entrar en contacto directo con la Cuba rural. Casas bajas y coloridas, reuniones en sillas y mecedoras a las puertas de las viviendas, niños jugando en la calle y vecinos siempre dispuestos a entablar una conversación, hace de Viñales un lugar acogedor y humano.

En la avenida principal, llena de bares y tiendas decidimos disfrutar de una velada en la terraza del Cubar, un encantador restaurante-bar de tapas, donde, para nuestra sorpresa  nos reencontramos con sabores familiares como el aceite de oliva, el pan con tomate y la clásica tortilla española.

Para la cena siempre puedes optar por la experiencia de hacerlo en la casa donde te alojas o si no probar restaurantes como El Olivo, con platos tradicionales y ambiente muy familiar.

A la mañana siguiente, paseamos por la calle principal y aprovechamos para adquirir algunos recuerdos en el curioso mercadillo de artesanía, donde se encuentran productos hechos a mano con un increíble encanto local.

Más tarde, contratamos a un guía que, con vehículo propio, que nos hizo un recorrido por  los principales atractivos de Viñales. Gracias a su conocimiento del terreno, pudimos disfrutar de una experiencia personalizada y enriquecedora, explorando los rincones más auténticos del valle.

Uno de los puntos más emblemáticos de la región es el Mural de la Prehistoria, una sorprendente obra de arte al aire libre que rompe con el verde intenso del paisaje viñalero. En plena naturaleza, entre mogotes y vegetación exuberante, una explosión de color se despliega sobre la ladera del mogote Pita: se trata de una gigantesca pintura en la roca que ilustra la evolución de la vida en la región.

Este mural monumental, de estilo peculiar, fue concebido en 1961 por Leovigildo González Morillo, discípulo del célebre muralista mexicano Diego Rivera. La ejecución de la obra tomó cuatro años y fue llevada a cabo por campesinos locales, quienes, suspendidos con arneses, aplicaron directamente la pintura sobre la roca.

La composición narra, de manera visual, el desarrollo de la vida en el área, desde fósiles marinos y criaturas prehistóricas, hasta figuras humanas que representan a los guanahatabeyes, los primeros habitantes de la isla.

Más allá de su singular valor artístico e histórico, el entorno que lo rodea invita a detenerse, respirar y conectar con la majestuosidad natural que define este valle.

A la hora del almuerzo, nos dirigimos a un lugar que combina sabor y paisaje de forma inigualable: el restaurante La Casa Verde. Ubicado en lo alto de una colina, ofrece cocina tradicional cubana servida en un encantador balcón con vistas panorámicas al valle. El espectáculo visual es tan memorable como el gastronómico.

La atención del personal fue cálida y cercana, haciendo que la experiencia resultara aún más especial. Optamos por un clásico de la comida criolla: cerdo asado acompañado de yuca con mojo y arroz congrí. El menú incluye una amplia variedad de platos para todos los gustos, y los precios son razonables, lo que lo convierte en una excelente opción para cualquier tipo de viajero.

Una vez disfrutamos de tan deliciosa experiencia, nos dirigimos a otro tesoro natural que encierra el valle, la Cueva del Indio.

La Cueva del Indio: un tesoro escondido bajo tierra

A tan solo seis kilómetros del centro de Viñales se encuentra la Cueva del Indio, una impresionante formación natural que invita a explorar el subsuelo cubano. Descubierta en 1920, esta caverna debe su nombre a los restos arqueológicos de los guanahatabeyes —uno de los pueblos originarios de la isla— hallados en su interior.

Hoy en día, la cueva está perfectamente acondicionada para el turismo. Un sendero bien trazado y con iluminación permite recorrer su interior a pie, mientras un guía acompaña la visita, explicando la historia del lugar y señalando curiosas formaciones de estalactitas, estalagmitas y rocas con formas sorprendentes que parecen esculpidas por la naturaleza.

Pero el verdadero encanto llega al final del recorrido, cuando se aborda una pequeña embarcación para navegar por un río subterráneo. La calma del agua, que refleja las paredes y bóvedas de la cueva, crea una atmósfera casi mágica. Durante el trayecto, el guía comparte relatos locales y datos fascinantes sobre la geología de la zona.

Al salir, se puede hacer una pausa en las áreas de descanso del entorno, o disfrutar de un jugo natural o un café criollo en los puestos que se instalan a la entrada. La Cueva del Indio es accesible en taxi, bicicleta o incluso a caballo, y puede visitarse en cualquier época del año.

Descubriendo el Tabaco Tradicional en el Valle de Viñales

El Valle de Viñales, es famoso por su impresionante paisaje kárstico y su rica tradición agrícola, especialmente en el cultivo del tabaco. Esta región, alberga numerosas plantaciones familiares donde se cultiva uno de los mejores tabacos del mundo, utilizado para confeccionar los reconocidos puros cubanos.

Las plantaciones de tabaco se trabajan de forma casi artesanal, respetando métodos tradicionales que han pasado de generación en generación. Los agricultores, conocidos como “vegueros”, siembran, cosechan y curan las hojas de tabaco con gran esmero. Las casas de secado, construidas con hojas de palma, son parte del paisaje.

Los visitantes pueden participar en excursiones guiadas por las fincas tabacaleras. Estas actividades suelen incluir caminatas o paseos a caballo entre los mogotes y los campos, visitas a las casas de secado y explicaciones detalladas del proceso de cultivo y elaboración del tabaco. Algunas fincas ofrecen degustaciones de puros y café local, creando una auténtica experiencia.

Visitamos una de estas plantaciones para conocer de cerca el proceso de cultivo y conversar directamente con el “veguero”, quien nos explicó sobre una mesa cómo se produce y se enrolla un puro.

Contratar un guía privado y contar con vehículo propio fue excepcional y altamente recomendable, ya que nos permitió alejarnos de las rutas turísticas convencionales y gozar de una experiencia más auténtica.

Antes de irte puedes visitar el Mirador del Hotel Los Jazmines ubicado a unos 5 km del centro de Viñales que, es uno de los puntos panorámicos más espectaculares del Valle. Desde esta privilegiada posición en la ladera, se obtienen vistas de 360° sobre los mogotes, las plantaciones de tabaco y la frondosa vegetación que caracteriza la zona.

Además del descanso, el hotel ofrece la posibilidad de acceder a senderos que parten directamente desde el mirador: rutas ecológicas como “El camino de los mogotes” o travesías hacia la Gran Caverna de Santo Tomás, Cueva del Indio y el Mural de la Prehistoria.

Cuenta con una terraza y piscina donde es habitual encontrar visitantes que acuden exclusivamente para disfrutar del especial e impresionante atardecer o el amanecer cuando la luz realza los tonos verdes y rojizos del paisaje. Es el escenario ideal para la fotografía.

Para cerrar con broche de oro, puedes realizar una inmersión en el paisaje: un tour a caballo o caminata guiada por el valle (entre 3 y 5 horas). El recorrido incluye visitas a plantaciones de tabaco, donde también podrás degustar puros hechos a mano, acompañados de café criollo y jugos naturales. En el camino, se visitan miradores naturales, cuevas y se disfruta de un almuerzo típico.

Si cuentas con más tiempo, te recomendamos una escapada a Cayo Jutías, situado a aproximadamente una hora y media en coche. Este pequeño paraíso ofrece playas vírgenes de arena blanca y aguas cristalinas, brindando un final perfecto de la visita a esta región.

Aconsejamos llevar efectivo en moneda local (CUP), ya que en las zonas rurales no siempre hay acceso a pagos electrónicos. Usar ropa cómoda, protector solar y repelente para las excursiones al aire libre.

Llegamos al final de nuestro viaje por Cuba, que mas que un destino es una experiencia auténtica, llena de alma y sabor. Prepárate para desconectar y dejarte llevar por el ritmo lento y alegre de la isla. Una isla llena de contrastes, historia viva y paisajes inolvidables. Cuba nos enseñó a reconectar con lo esencial, el abrazo cálido de su gente resiliente, llena de vida, que permanece en la memoria.