Fecha: 28 de mayo de 2025 – Actualizado: 28 de mayo de 2025
Descubrimos la historia de Heineken, que en el siglo XIX descubrió su exclusiva Levadura-A y desde entonces ha sido clave en el sabor característico de la cerveza, con sutiles notas afrutadas.
Fotos: Pexels. Textos: Evasión
En 1864, un joven emprendedor de 22 años, Gerard Adriaan Heineken, adquirió la cervecería «De Hooiberg» en Ámsterdam. Sin experiencia previa, pero con una visión clara, se propuso elaborar una cerveza lager premium sin concesiones.
Para ello Gerard adoptó las últimas innovaciones en la elaboración de cerveza y fue pionero al introducir un laboratorio de control de calidad, convirtiéndose en el primer cervecero en hacerlo. Tras experimentar con la cerveza, en 1873 abrió su pequeña cervecería familiar en el centro de la ciudad y su éxito fue inmediato.
La clave fue su decisión de adoptar un nuevo método de baja fermentación, que ofrecía una cerveza más clara y duradera. Para ello, contrató a los mejores maestros cerveceros y rápidamente la compañía se expandió a Inglaterra, Bélgica y el norte de Francia.
Su dedicación a la calidad llevó a Heineken a ganar la Medalla D’Or en la Exposición Marítima Internacional de 1875 y, posteriormente, el Gran Premio en la Expo de París de 1889.

La levadura-A: el alma de Heineken
En el siglo XIX, Heineken descubrió su exclusiva Levadura-A®, que desde entonces ha sido clave en el sabor característico de la cerveza, con sutiles notas afrutadas. Esta levadura garantiza la consistencia y calidad que distingue a Heineken en todo el mundo.
Y es que, con la firme idea de vender una cerveza mejor, encargó a un equipo científico liderado por el Dr. H. Elion, discípulo de Louis Pasteur, la búsqueda de la levadura ideal. El resultado fue la levadura-A, aún utilizada hoy y pieza clave de la calidad de la cerveza Heineken.
La marca fue registrada en 1884, y en apenas dos décadas, Gerard había construido un imperio que producía 200.000 hectolitros al año, frente a los 3.000 de una cervecería típica de la época.
Expansión internacional y legado familiar
Tras la muerte de Gerard en 1893, su hijo Henry Pierre Heineken tomó el relevo. A los 28 años, se convirtió en consejero y tres años después, en presidente. Famoso por su compromiso social, fue pionero en ofrecer un plan de pensiones para los empleados y lideró una rápida expansión internacional, incluyendo la llegada al continente asiático en los años treinta.
Durante su liderazgo, la empresa superó la depresión económica de los años 30, implementando técnicas de embotellado que permitieron la expansión internacional sin comprometer la calidad.

Cabe mencionar que en 1933, anticipándose al fin de la Ley Seca en Estados Unidos tras escuchar un rumor, Heineken envió un barco cargado de cerveza a Nueva York, convirtiéndose en la primera cerveza de importación disponible tras la prohibición.
Por su parte, Alfred Henry Heineken, nieto del fundador, se unió a la empresa en 1941. Con una visión innovadora, introdujo elementos distintivos como la «e» sonriente en el logotipo y el color verde característico de la marca, consolidando la identidad visual de Heineken.
Este detalle gráfico no fue aleatorio: fue parte de una estrategia más amplia para hacer la marca más cercana y emocionalmente reconocible para el consumidor.

La botella WOBO
Como dato curioso, Heineken ideó en 1963 la botella WOBO, con la que pretendía reinventar el mundo cervecero. Su diseño permitía reutilizarla como un ladrillo en la construcción de viviendas, lo que permitía generar menos basura.
No obstante, los obstante, los obstáculos técnicos después de la producción de prueba de 1965 evitaron que se implementara este concepto. Pero, quién sabe si en un futuro veremos la botella WOBO en construcciones.

Liderazgo femenino y presencia global
Tras el fallecimiento de Alfred Heineken, su hija Charlene de Carvalho-Heineken asumió un papel relevante en la dirección de la compañía. Bajo su gestión, el grupo ha seguido expandiéndose a nivel global y ha consolidado su presencia en más de 190 países.
Hoy, Heineken N.V. es el segundo mayor grupo cervecero del mundo y se mantiene firme en su compromiso con la calidad, la sostenibilidad y la responsabilidad social.

Compromiso con el medioambiente y la cultura
Heineken ha puesto en marcha programas como “Brewing a Better World”, que refleja su objetivo de reducir su huella ambiental, utilizar energías renovables y promover el consumo responsable.
Al mismo tiempo, ha mantenido una fuerte conexión con la música, el deporte y la cultura, apoyando festivales como el FIB y colaborando con organizaciones comunitarias a través de la Fundación Cruzcampo.




































